VISITA A PICASSO

VISITA A PICASSO

POR GIOVANNI PAPINI

( Florencia,1881-1956)

     Antibes, 19 de febrero

 

Muchos años hace había comprado en París seis cuadros de Picasso, no porque me gustaran, sino porque estaban de moda y podía utilizarlos para hacer regalos a las señoras que me invitaban a comer. Pero ahora, hallándome solo en la cote d Azur y no sabiendo cómo pasar los días me vino el deseo de ver personalmente al autor de aquellas pinturas.

Vive cerca de aquí, en una villa marítima, en compañía de su esposa, mujer muy joven y florida; Picasso según creo tiene  sesenta y seis años de edad, pero conforme a su buena sangre catalana es hombre fuerte y bien formado, tiene un hermoso color y goza de buen humor.

Al principio conversamos a cerca de algunos conocidos comunes, pero muy pronto el tema se circunscribió a la pintura. Pablo Picasso es no sólo un artista feliz, sino también un hombre inteligente, que no tiene miedo de sonreírse en su debido tiempo y lugar, de las teorías de sus admiradores.

Usted no es ni crítico ni esteta-me dijo-, y por lo tanto puedo hablar con usted libremente.

Cuando era joven tuve como todos los jóvenes la religión del arte, del gran arte. Pero más adelante, a medida que pasaron los años, me di cuenta de que el arte, tal cual fué entendido hasta el siglo XX inclusive, ya está concluído, moribundo, condenado, y que la llamada «actividad artística», con la misma abundancia que ostenta, no es más que la multiforme ostentación de su agonía.

A pesar de las apariencias, en contrario los hombres pierden más y más el afecto hacia las pinturas, las esculturas y la poesía.Los seres humanos de ahora han puesto su corazón en cosas completamente diversas: máquinas, descubrimientos científicos,riquezas, dominio de las fuerzas naturales y de las extensiones de la tierra. Ya no sienten el arte como una necesidad vital, espiritual, como sucedía en los siglos pasados. Muchos de ellos continúan actuando como artistas y ocupándose del arte, pero lo hacen por razones que poco tienen que ver con el verdadero arte, lo hacen por espíritu de imitación, por la nostalgia de la tradición, por la fuerza de la inercia, por amor a la ostentación, al lujo, a la curiosidad intelectual, por seguir la moda o por cálculo. Por hábito o por «snobismo» viven todavía en un pasado reciente, pero la inmensa mayoría, tanto de la clase elevada como de la clase inferior, no siente una cálida y sincera pasión por el arte, al que considera, a lo más, como una expansión, una diversión o un ornato . Poco a poco, a medida que las nuevas generaciones se enamoren de la mecánica y de los deportes,se vuelvan más sinceras, más cínicas y más brutales, dejarán el arte en los museos y bibliotecas, como restos inútiles e incomprensibles del pasado.

«¿Qué puede hacer un artista que, como me ha sucedido a mi, ve con claridad ese próximo fin? Sería un partido demasiado duro cambiar de ocupación, y además, peligroso desde el punto de vista alimentario. Para él no quedan más que dos caminos: procurar divertirse y procurar ganar dinero.

«Desde el momento en que el arte no es más que el alimento que nutre a los mejores, el artista está en libertad para desahogarse según su talento en todas las tentativas de fórmulas nuevas, en todos los caprichos de la fantasía, en todos los expedientes del charlatanismo intelectual. El pueblo ya no busca en el arte consuelo ni exaltación, pero los refinados, los ricos, los ociosos, los alambicadores de quintaesencias, buscan lo nuevo, lo extraño, lo original, lo extravagante, lo escandaloso. A partir del cubismo yo he contentado a esos señores y a esos críticos con todas esas mudables singularidades que me han venido a la cabeza y cuanto menos las comprendían más las admiraban. A fuerza de sobrepasarme en esos juegos, con esas cosas funambulescas, con los rompecabezas, arabescos y demás cosas , llegué a ser célebre  bastante rápidamente. Para un pintor, la celebridad significa ventas, ganancias, fortuna,riqueza. Ahora, como ya lo sabe usted, soy célebre y soy rico. Mas, cuando estoy a solas conmigo mismo no tengo valor para considerarme un artista en el sentido grande y antiguo de la palabra. Verdaderos pintores fueron Giotto y Tiziano, Rembrandt y Goya; yo no soy más que un amuseur public,que ha comprendido su tiempo y ha aprovechado lo mejor que ha sabido hacerlo la imbecilidad, la vanidad y la ambición de sus contemporáneos. Esta que le hago es una amarga confesión, más dolorosa de lo que pueda parecer, pero tiene el mérito de ser sincera».

«Et apres ca -concluyó por decir Picasso -, allos boire»

La conversación no terminó ahí,pero no tengo la paciencia necesaria para consignar las otras desprejuiciadas paradojas que brotaron de los labios del viejo pintor catalán.

Tomado de «El Libro Negro»

Editora Latinoamericana, S.A. 

Roberto Guillen

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