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CRÓNICA DE UNA NOCHE EN EL CESAR PALACE

CRÓNICA DE UNA NOCHE EN EL CESAR PALACE

ROBERTO GUILLEN

@guillenwriter

Bueno, queridos lectores, también podríamos definir al “César Palace” como la catedral del futbol, ya que su techumbre está decorada con camisas de equipos panboleros de todo el mundo. Aunque sus paredes y patio, tapizados con camisas autografiadas de colección y dibujos de los recién campeones, nos dicta que se trata de una familiar Cueva del Tigre, donde te solazas escuchando a una feria de cantantes pintorescos, que se escaparon de aquella vena popular llamada Rómulo Lozano.

Y fue el abogado Miguel Jasso quien me citó para entrevistarme con el famoso Tigre Mayor, mejor conocido como “Soriano”, quien desde 1978 encabeza la porra de los tigres. Esa noche lo vimos bailar y emitir el grito silvestre de un gorila que nos reveló al hombre de Neanderthal, pero a un lúdico primitivo que pulula y ulula en las tribunas de los estadios. No al hooligan pendenciero y mala leche ávido por sangrar a la nota roja.

En el Cesar Palace el mexicano también se ríe de su tragedia. Entre canción y canción y cantante y cantante, en la atmosfera flota una feria de sarcasmos y albures que ni si quiera escapa el mismo Peña Nieto.

Bien lo dijo uno de los contertulios:

Esto no lo ves ni en Las Vegas.

***

La Delicia de la Noche no podía ser mejor, un imitador de Juan Gabriel que así finalizaba cada una de sus interpretaciones:

¡Y arriba los jotos!

¡Y arriba los jotos!

¡Y arriba los jotos!

A lo que el Tigre Mayor respondía con un toque de socarrona sapiencia:

Deja que fluya la mujer que hay en ti…

¿Cuál? Respondía el morocho juangabrielezco, un tonel de resignación que flotaba en el mismo Albur.

***

Ahora llegaba el Momentum de la Noche. La Hora Capital de la Porra. El Performance de la Tribu. El Ritual de la Euforia. La Estrella de la Demencia Lúdica:

El Tigre Mayor fue sentado en el banquillo para cumplir su promesa de cortarse la cabellera, en caso de que los tigres quedaran campeones. Uno por uno fueron pasando los aficionados y entre carcajadas y sarcasmos rapaban al Gorila de Neanderthal. Felizmente hacia muecas y emitía su grito silvestre desde la Isla de la Inocencia. Nos recordó aquella expresión de Rabindranath Tagore:

Y cuando aprendí a jugar con un Niño, me convertí en un Hombre Libre…

Roberto Guillen

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