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UN GOLOSO EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

UN GOLOSO EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

ROBERTO GUILLEN

@guillenwriter

Como aperitivo inicial, diremos que Un sibarita tropical es algo así como un tributo a la suculenta diversidad de la cultura mexicana… que no todo es coca-cola y sopa maruchan…ja.

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Me parece que la editorial Plaza y Valdés se apunta un hitazo con el narrador, cronista y tenor Héctor Palacio, el autor de una obra que también podríamos titular como Las crónicas de un sibarita politikon, porque al ingresar en la mexicanísima fonda, en cada expresión de goce, el tlatoani López Obrador deja fluir la rola de su catecismo y magisterio: «Sin maíz no hay país». «Hay que cuidar lo nuestro». «Como México no hay dos».

Si Monsiváis observa en la figura del estanquillo el punto axial donde se nutre la Comunidad, para el sibarita tropical la fonda es como un ritual donde emerge la querencia y por lo tanto el Poder. La fonda como un metafórico cenote-gourmet, donde chisporrotean los efluvios del Sabor.

Con que golosa fruición gusta López Obrador hablar de la Guajolota, las tlayudas, los chanchamitos, los tamalitos de chipilín, los tlacoyos. el pejelagarto, el pochitoque, los salbutes, panuchos, polcanes, el pozol, el agua de matalis, la nieve de guanábana, la barbacoa, el mondongo… Tal vez, tal vez, habría que ser de Tabasco para merecer el título de sibarita y conseguir apuntar esta bella expresión: «el vislumbre del disfrute»

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En la cartografía de lo suculento palpita un pertinaz sacerdocio al presentar cada platillo como un exótico enigma que sólo al tlatoani le es dado descifrar. La obra de Héctor Palacio como La Ruta de las Delicias…donde la coca-cola se antoja como un rutilante absurdo que empobrece a la humanidad.

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Pareciera ser que en el personalísimo «tripadvisor» de López Obrador su ética política encuentra el «clímax» cuando traspasa el folclor de una fonda, decorada con una imagen de la Virgen de Guadalupe, sillas con la impronta de la pepsi y el ambiente surrealista que todo cazador presuriento de la netflix anda buscando.

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En la parte final de su libro, Héctor Palacio viaja a Tumbulushal para rescatar las recetas del Tabasco ancestral. La silvestre naturalidad – donde nació Carlos Pellicer- como un Edén para el goce del cuerpo y del espíritu. Un Edén Medicinal para que no te entumas. Para que no se apague el corazón. Para que no te destruya la chatarra industrial.

También describe las ventajas de contar con el Tren Maya, que atraviesa cinco paraísos del sureste mexicano: Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

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Una vez que este periodista bon vivant termina de leer la última página del libro, sale a ejercitar el ritual de caminar, para tomar aire fresco y encontrar las palabras precisas de una luminosa síntesis que le otorgue belleza a la presente reseña. Entonces nos imaginamos el «vislumbre del disfrute» que nos va a producir el Tren Maya: El sureste de México mágicamente se nos dibuja como una fruta tropical para el goce de todos los mexicanos….mmm…»pa su mecha»…mmm…

Roberto Guillen

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