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EL PADRE CHEMA Y LOS APÓSTOLES DEL MEDIO AMBIENTE

EL PADRE CHEMA Y LOS APÓSTOLES DEL MEDIO AMBIENTE

ROBERTO GUILLEN

Que nos fuimos a Los Herreras NL., ese pueblo fantasma, ubicado en medio de la nada, donde ni siquiera existen los Oxxos. Era un sábado de sol abrazador,  sedientamente abrazador…pero gracias a los árboles de la plaza, el Padre Chema dispuso de unas sillas para iniciar el Foro del Agua, donde se dieron cita connotados ambientalistas que persisten como una voz en el desierto de los 45  grados. Tan desértico que ni las mismas autoridades del fantasmal municipio se aparecieron. Y es que dicen que la Matrimar, la poderosa pedrera que se carcome a la Sierra de Picachos, les pagó la campaña a quienes hoy gobiernan ese municipio de apenas unos mil habitantes.

Por allá todo tiene cara de aburrimiento asoleado. Los perros y los lugareños serían la delicia para el talento plástico-sardónico de un Roberto Cordero. Se vive una quietud pasmosa. No hay semáforos ni policías. Los Herreras como un pueblo que se escapó de las manecillas del reloj. Y las casuchas a la redonda se ven tan solitarias, que dan la impresión de ser una mera treta escenográfica, como evocando a Juan José Arreola en su delicioso cuento El Guardagujas.

Pues hasta allá nos fuimos con el abogado Jaime Noyola, que anda defendiendo a los pobres colonos que sufren porque les llegan unos cuentones en el recibo del agua. Y la neta que me dio gusto verlo junto a destacadas figuras del ambientalismo, como lo son el biólogo Toño Hernández, Aristeo Benavides y el mismo Padrecito Chema. También se dejó ver por ahí el viejo bonachón Francisco Acosta y el profe Joél Cruz. Me maravilló conocer a las doñas que integran el colectivo Huizache; de las poquísimas voces que se levantan contra la inminente destrucción del Parque La Pastora, donde ya les urge rentabilizar esa área…osea, osea, la naturaleza como una cosa que le estorba al pretendido progreso.

Y cuando la señora Lidia Reina tomó el micrófono, me visitó aquella bella expresión de Séneca: “Habla para que te conozca”. Estaba frente a la maravillosidad de la conciencia social que se indigna ante la indolencia de una sociedad absorta en la chatarra existencial. Que las inmobiliarias impunemente carcomen las faldas del Cerro de la Silla, y nadie dice nada. Claro, somos el país de la vista gorda.

¿Por qué no protestamos?, expresa con el tono de aquel bíblico Juan el Bautista, en el desierto literal de Los Herreras,NL.

En el aire flota la pregunta profética de Aristeo Benavides, habitante y productor caprino de la región:

¿Qué va a pasar con los habitantes de Monterrey cuando ya no sea suficiente el agua?

¿Qué va a pasar con los habitantes de la ciudad cuando el aire se torne irrespirable?

¿Qué va a pasar cuando la movilidad sea imposible?

¿A dónde van a ir… si aquí, en Herreras, las autoridades están coludidas con Matrimar, la pedrera que atenta contra nuestros recursos?

Y el Biólogo Toño Hernández nos habla de los desastres que provoca el Fracking, esa técnica ruda para extraer gas de las profundidades de la tierra, provocando la contaminación de los mantos freáticos, y de paso, agrietando las viviendas cercanas al área donde se aplica la novedosa técnica del progreso para producir “riqueza”. Y en la cadencia de su discurso pausado, misteriosamente pausado, aunado a su parsimoniosa expresión corporal, alcanzamos a percibir una sutil nube de nostalgia edénica  por todas aquellas maravillas que ya no vendrán…como evocando el novelesco final de esa película que llaman El Planeta de los Simios.

Roberto Guillen

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