EL ARBITRO DE LA FARSA ELECTORAL…

EL ARBITRO DE LA FARSA ELECTORAL…

DANIEL BUTRUILLE

Este suplicio de las firmas para avalar candidaturas seudo independientes, o sea candidaturas no apoyadas por un partido político de los autorizados, parece ser una tortura selectiva. Tortura porque, con o sin aparato multitudinario de apoyo, 900,000 firmas son muchas y el número no hace sentido si lo comparan con las firmas requeridas para crear un partido nuevo. Selectiva, porque parece que no hay reglas muy claras sobre los procedimientos y sobre el financiamiento autorizado, y que en este proceso, como en muchos otros de la política mexicana, aplica el dicho de quien tenga más saliva, tragará más pinole. El árbitro, si árbitro hay, lo que muchos dudan, no sabe cómo medir la saliva y por lo tanto no hay cancha pareja. Puso en la cancha un balón cuadrado que los jugadores batallan mucho para mover. El árbitro, a decir la verdad, está rebasado porque varios dueños de los equipos participantes lo están presionando tanto que ya se tragó su silbato y mejor se voltea de otro lado para no ver los fauls que se cometen a diario en las canchas múltiples en las cuales se disputa la pretendida contienda. Contienda que ni merece este nombre, y tampoco es pretendida ya que los dueños de los equipos decidieron desde antes del partido quienes serían los finalistas y quienes se irían a la regadera con más amargura que discursos. En aguas revueltas, ganancias de bandidos. El Bronco está muy a sus anchas. Domina, sonriente, contando con la benevolencia del árbitro. Seguro de su patrocinador. No le fallará. Ni les faltarán los recursos. Margarita, muy esforzada, contando con la benevolencia de un ayudante del árbitro que es socio de su marido. Los demás contendientes, ya resignados y esperando que de perdida les levantarán una estela con sus nombres y el número de firmas que habrán logrado recabar. Aunque sea solamente la suya. Asistimos a una farsa establecida por una partidocracia que define quienes son los tontos útiles y quienes son los tontos que solamente estorban. Mal inició el proceso electoral 2018. Mal terminará. Y no es seguro que termine solamente en la ocupación del Paseo de la Reforma, a pesar de tantas promesas de querer llevar la fiesta en paz. La democracia mexicana está en una fase terminal, de la mano de un presidente que no entendió nunca que no entiende. Esta democracia o lo que queda de ella, muere aplastada por el árbitro y sus compinches, o explota en medio de estallidos de pronóstico reservado. Nos vemos en julio 2018. butruilled@hotmail.com

Roberto Guillen

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