MIS TRES GALERIAS…

MIS TRES GALERIAS…

POR ROBERTO GUILLEN

@PODERyBelleza

Queridos lectores:

En mi andar por esta «protuberante maravillosidad»he conseguido apuntarme un record de tres galerías en mi curricula de esteta, medio pobretonas, pero las he tenido. Y es que tengo la mania que a donde quiera que llego a instalar mi cuchitril raskolnikoviano, naturalmente me inclino por hacer de mi espacio personal una Galería. Por ejemplo, en mi actual habitación tengo unos cuadros de Maricela de la Toba, uno de Reyna Castaño, uno de Aaron de León, entre otras obras que no he podido enmarcar por falta de lana. También he decorado mi habitación con una enorme fotografía de mi personaje El Centinela Urbano, donde aparezco junto con un grupo de chiquitines, plantando un arbol con en una colonia proletaria de García, N.L. Y junto al enorme poster va una conocida frase de José Revueltas: Callar es transigir.
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Mi primer espacio cultural lleva por nombre Galería Roja, como registro de una etapa marcada por el activismo social. De hecho, en mi libro Labios de Warrior, hay una crónica que escribimos sobre este proyecto que fue posible gracias a la nobleza del camarada Sergio Rodríguez, un aguerrido telefonista que después de sufrir una fulminante embolia, quedó fuera de combate. Pobre Sergio, era una dicha tomarse una caguama con él, mientras preparaba la discada al compás de una salsa borracha,  entre los aromas de la Diossa Naturaleza.Mi Galería Roja se encontraba ubicada por Allende, antes de llegar a Cuauhtémoc, en el centro de Monterrey. Ahhh…la Nostalgia de aquellos días espumosos
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Gracias a la incurable comezón del activismo, los Dioses me favorecieron con la Amistad del luchador social Nacho Zapata, cuyos conectes nos prodigaron un caseron en frente de la Alameda, por la calle Aramberri. Pues ahi surgió Siete Mangos, otro de mis proyectos culturales efímeros, pero vibrantes. Mientras en la planta baja Nacho atendía los asuntos de la Alianza de Usuarios, en la planta alta disponíamos de tres cuartos que hacían las veces de un espacio galerístico, que comprendía dos preciosos y amplios balcones. Esta experiencia fue de fascinante locura, que bien da para un ejercicio novelístico. Como dulces legiones los recuerdos se apelotonan en la sesera, sin saber por dónde empezar. Bueno, por hoy solo les compartiré que una buena tarde, mientras trapeaba mi Galería, se me apereció el buen Alfonso Ruiz, quien por órdenes de Lupita Rodríguez, la dueña del PT, me traía unos preciosos reconocimientos que esa noche Siete Mangos le iba a entregar a los artistas de la ciudad. Gracias Lupita.Gracias.
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Ahora me encuentro «instalado» en el Centro Cultural La Bolita, bueno, entre comillas, porque como ustedes saben, se trata de una pocilga cantinezca, ubicada en Modesto Arreola y Guerrero, centro de Monterrey. Al menos no tenemos que pagar renta, ni la chinga de barrer y trapear. Basta con pidas una cheve y te dispongas a contempar la expo de caricaturas que actualmente estamos exhibiendo en torno a la figura chapucera del Bronco, actualmente convertido en el trending topic de la transa nacional. Y para este tipo de sinverguenzas, pues nada como convocar la potencia lúdica de los mejores moneros del país, como lo son Chava, Hernández, Helguera, el Fisgón, Rocha y otros. Ya se robaron dos cuadros, ni modo, es el riesgo de transformar una piquera en un espacio galerístico, pero todavía pueden darse la vuelta, antes de que surja otro coleccionista furtivo.
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Claro, si la Diosa Fortuna nos favorece, al raton nos vamos de la pocilga , que la vida es de colores…

Roberto Guillen

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