EL VUELO DEL MURCIELAGO

EL VUELO DEL MURCIELAGO

POR ROBERTO GUILLEN

Que gusto encontrarse con el promotor de lucha libre, Guillermo Gómez, quien ahora crece en su faceta como editor, haciendo mancuerna con el poeta Arnulfo Vigil y la editorial Oficio. El buen memo rubrica su ejercicio tanto editorial como de promotoría , bajo el sello Lucha por la Cultura, que también comprende su revista La Reynera, donde promueve tanto a los gladiadores amateurs de nuestro tiempo, como las grandes leyendas de la lucha libre mexicana.

Al abrir la cajuela de su tsurito, el promotor extrae  varios ejemplares de su revista y un libro que lleva por título Jesús Velázquez Quintero, El vuelo del murciélago, una obra del versado cronista Andrés Pérez Sustaita. Fíjense ustedes que el libro nos lo hemos bebido con la fruición que nos produce el fresco néctar de una sandía.

Felizmente, al incursionar una vez más en el universo del pancracio mexicano, nos ha dejado el bouquet de un exotismo ignoto que ya habíamos observado en la obra que Ferny Cavazos escribió sobre la tradición de los exóticos, cuya reseña titulamos  El Asalto de la Diversidad.

Digamos que la lucha libre mexicana es exótica por definición. Y así lo consignan los amigos europeos de Juan Villoro cuando los invita a una fiesta de los encordados. La biografía del Murciélago Velázquez nos devela más allá de  toda clasificación darwinista. Y cada vez que nuestro exótico personaje se trepaba al cuadrilátero para extraer de su capa una parvada de murciélagos trazaba el misterio de un bestiario sin etiquetas.

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El Murciélago Velázquez o la síntesis de una Sorpresa:

“Aunque es hijo de agricultores, recibió esmerada educación y a punto estuvo de ordenarse sacerdote. Conoce muchas tierras y habla varios idiomas. Lo mismo platica en Inglés que en francés. Lo mismo cita un pasaje en latín que uno en griego. En cualquier momento o lugar que lo encuentre usted traerá un libro, un objeto o una noticia desconcertante. Hoy puede ser un murciélago pequeño, mañana una víbora de bonitos colores o un cuento trágico”.

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En su leyenda combatió con el Santo e hizo cine con Lorena Velázquez. Le cantó el sentimiento de Lucha Reyes y es el creador de la llave conocida como la “swastica”.     Un polifacético de la vida que curaba con yerbas y rompía costillas en el cuadrilátero. Le tocó dar sabroso y también lo tupieron.

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Cuando descendía del ring y tomaba el lápiz, solía escribir cositas así:

“Cuando se restringe el chiste político, los rencores se hacen más sólidos y al final estallan”.

 

Roberto Guillen

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