UN FUTBOLISTA RESCATA A UN POETA…

UN FUTBOLISTA RESCATA A UN POETA…

POR ROBERTO GUILLEN

@PODERyBelleza

En el rejuego de los tiempos nunca sabremos lo que vendrá. Cuantos autores y sus obras y han permanecido bajo el manto del olvido, hasta que son redescubiertos por ese sentido de trascendencia que anida en la condición humana. El hombre como Símbolo y misterio, siempre en la búsqueda por observarse incompleto. Así Gómez Junco encuentra a su bisabuelo en los matices oníricos del sueño. La Pregunta que somos, y que buscamos resolver, lo compele a ir en busca de Celedonio Junco de la Vega  (1863-1948), en aquel entonces, conocido como el Poeta de Monterrey.Bajo el sello editorial Font, «El Ilustre Pigmeo» aparece con el advenimiento de una ciudad en total metamorfosis…

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A los cuatro vientos el ex futbolista Roberto Gómez Junco le declara su amor al futbol, pero sin desembocar en el pozo de los fanáticos.

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En 168 páginas que comprenden su obra, palpita y crepita una pasión por el lenguaje. Con la literatura en la piel, el amante del futbol se ha vacunado para no pasar como «un moderno neanderthal».

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Sin afectar de pretencioso, Gómez Junco busca prolongar el magisterio de Celedonio Junco de la Vega, un lúdico versificador, hoy transfigurado en un orfebre del lenguaje. El Ilustre pigmeo como un tratado de ética, tan propicio para nuestros desbaratados días:

Por su puesto, y antes de pedir una mejor selección, deberíamos exigir un mejor país, y trabajar cada quien en lo que pueda para conseguirlo, desempeñando lo mejor posible del propio rol.

Digamos que «Don Cele» esgrimía el acto lúdico para redescubrirse, y también como un himno de elevación:

Versificaba para divertirse y para divertir, o para hacer reflexionar o para señalar todo aquello que le sorprendìa, le alegraba, le conmovía o le molestaba, pero nunca con la pretensión de molestar a nadie:

 

A UN POETA NOVEL

 No tengas,bardo,a desdoro,

pulir con tesón el verso,

por exhibirlo tan terso

como lámina de oro

Bien está;más el decoro

de la musa que se estima,

pide que limar la rima

sea tan sutil labor,

que no perciba el lector

los chirridos de la lima  

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El futbol como un tratado para descollar en la jungla de la vida; para driblear entre la madeja de los alacranes intereses. Como pepitas de oro, el autor nos brinda la resultante de su paso por el futbol mexicano:

Sin  el balón es necesario correr; y al tenerlo, pensar.

Desde el futbol se puede filosofar, pero no se puede hacer futbol desde la filosofía.

Si, pero yo decía que el futbol es muy democrático, sin importar el nivel que lo juegues, no solo entre profesionales. En cualquier cancha de cualquier barrio, solo distingue la capacidad de cada quien para jugarlo; no hay ninguna otra distinción, para nada discrimina de antemano.

En serio, ahi radica otro encanto de este juego. Así como la pelota no se mancha, la cancha no miente…ahi quedan en evidencia las virtudes y tus defectos como futbolista, tu verdadera calidad como jugador.

…tener el balón es la mejor manera de defenderse. Además manejar el balón con solvencia y pulcritud, teniéndolo poco en lo individual, pero tenerlo poco en lo colectivo.

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En un anhelo por interactuar con su bisabuelo, el jugador se confiesa y nos confiesa la viva indignación de habitar en esa realidad que describe Luis Estrada en la Ley de Herodes:

Le explicaría como el ámbito del futbol puede servir para entender mejor el de la política, como sendos mundos comparten algunas peculiaridades, la competencia no siempre leal, la improvisación, los golpes bajos, la contaminación producida por los múltiples intereses en juego. Con una diferencia, a los altos niveles de la política y del gobierno puede llegar cualquiera y suelen ser no los mejores quienes llegan; y en el futbol alcanzan la cúspide, solamente quienes mejor juegan, quienes durante cada día de cada semana, de cada año, ganan a pulso con su esfuerzo y calidad, el derecho a jugar. 

Es decir, el futbol es el interregno de lo insobornable.

Podría haber dicho que como espectáculo, el futbol puede funcionar como indispensable mecanismo de escape para millones de personas, aunque por desgracia con el medren, quienes lo utilizan como el circo que a la mitad de esos millones le haga olvidar la falta de pan.

 

 

 

Roberto Guillen

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