LA HEMBRA DEL MERCADO JUAREZ

LA HEMBRA DEL MERCADO JUAREZ

POR ROBERTO GUILLEN

Tenía más de 30 días de que no veía al Toro estrella del for sale. Y durante tal interregno, en las pláticas de café (el breadbox, les recomiendo el breadbox coffe) solía presumir mi hazaña que se fraguó en esa cantinilla rupestre conocida como La Bolita.

Resulta que el Toro, encandilada su estrella por las cifras estratosféricas que se estilan en el mercado del Arte, terminó por aceptar mi propuesta: vender

Arte.

Sí, queridos lectores, así es como surge en Monterrey la galería virtual Pinsel (pintura selecta), cuyo site pueden encontrar en www.pinsel.com.mx , y que habrá de promover en el extranjero a los artistas de Monterrey y de otras ciudades del país.

No sabía que el Toro andaba celebrando su más reciente golpe millonario. Porque han de saber, queridos lectores, que el Toro no se anda por las ramas. No le gusta hablar de cantidades menores, ni de andar vendiendo tortuosas baratijas, donde la ganancia se obtiene por volumen. No tiene paciencia para el goteo del pásele marchante, que va a llevar marchantito . Tampoco comulga con los catecimos motivacionales que suelen chutarse los clásicos ejecutivos de ventas que andan correteando la chuleta todo el santo día. Es más, nunca lo he visto usar una horca corbata. En cambio, si lo he visto cerrar ventas desde su celular, mientras lo acompaña la espuma de una cerveza en el Centro Cultural La Bolita.

Les digo que ya tenía semanas sin saber de él, con eso de que un díscolo financiero me adoptó como su asesor en proyectos periodísticos, además de estar bien clavado con la primera edición de mi revista Poder y Belleza, que nos está quedando bien perrona, gracias a mi camarada Kdavid… aah, y mientras me cortaba las uñas de los dedos gordos en la placentera solitud de mi habitación, que el Toro se mete por mi Smartphone y felizmente me extiende una invitación para ir a comer al mercado Juárez.

¿Qué prefieres…un caldito de res o pescado?

No pues, tengo antojo de camarones lampreados y un filete a la plancha

Fue en la pescadería Chepo donde el Toro me reveló el triunfo de su venta millonaria, que consistió en unas 10 hectáreas, situadas en un paraje divino que no conviene revelar, para evitar que los dogos de la ciudad saliven antes de tiempo.

No sólo se compró carro nuevo, sino que los cuernos de su autoestima se afilaron más para embestir el nuevo mercado que ya le espera. En su mirada pude ver la orografía del Tiger Eye para devorar a la vida misma.

Y llegaron los platillos.

Yo un filete con camarones empanizados, mientras el Toro sorbía un suculento caldo de mariscos.

Cucharada tras cucharada el Toro “sufría” la regresión de gozar el gerber que todos mamamos de la madre Naturaleza:

Guillén, este caldo es una chingonada

Sí, ya me di cuenta brother

Una vez más el winner mexicano volvió a hundir su cuchara en el posillo, pero ya no pudo llevar el manjar a su boca…

Su líbido se estrelló con aquel movimiento ondulante de una hembra que iba entallada con los colores de una cebra.

Mira guey…

La mirada se congeló, y el tiempo una momia quedó… instantes para recordar la radiable musicalidad:

…es una hechicera que domina al hombre

con sus danzares, con las caderas

…se mueve con cadencia

con la inocencia de una princesa que nadie toca

¡ay!

Que bonitos ojos

¡Ay!

Que bonita boca

Es una hechicera

Una seductora

Es una hechicera

 

 

Roberto Guillen

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