LOS TIEMPOS DE REBECA CLOUTHIER

LOS TIEMPOS DE REBECA CLOUTHIER

POR ROBERTO GUILLEN

 

Ahora que empieza a brillar la estrella de Rebeca Clouthier, me viene recurrentemente a la cabeza los postreros días de Mauricio Fernández. Francamente pienso que el viejo millonario todavía tiene mucho que dar.Y no creo que Rebeca, por mucho que se afane, pueda otorgarle a San Pedro el matiz internacional que distingue la impronta Mauricio Fernández.Si a Rebeca la veo muy, muy panista, al esteta lo veo caribeñamente terco,chifladamente Smart, pero con esa locura nietzchana, tan necesaria para llevarnos más allá de toda contingencia glotona: Es menester tener un caos dentro de sì, para dar a luz una estrella danzarina.

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Ahhhh…queridos lectores, antes de continuar con la Estrella de Rebeca, permítanme compartirles el placer que reviste treparse a un taxi y contemplar el mural del Dr. Lakra. Neta que no me equivoqué cuando escribí que ese mural se va a convertir en un sello distintivo de San Pedro. Esa tardecina yo venía del estudio de Reyna Castaño, y un taxi-de-los-verdes me hizo el favor de cruzar por el túnel de la Loma Larga, y Gozar la obra que nos ha legado la chifladura Smart de Mauricio. Merci, sampetrino, Merci.

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Pienso en el rígido panismo de Rebeca y me traslado a esa frase que el periodista e investigador, Raul Rubio, ha acuñado para describir un municipio tapizado de torres, como signo de una economía bollante y hormigueante de un caos automovilezco: La Trampa Urbana. Bueno yo le agregaría la trampa bellamente urbana, porque no deja de anidar un signo estético todo ese juego de torres como resultado de un municipio poderosamente Entrepreneur. 

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Yo quisiera ver a Rebeca más allá de su panismo rígido. Con la soltura arrebatadora de Manuel J. Clouthier solucionando los problemas de la gente…mucho  más allá de tintes partidistas. ¿Cómo solucionar las trampas urbanas de la Ambición, pero sin caer en un fundamentalismo ramplón del llamado bien común?

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Les cuento que la otra Noche Carlitos me invitó a un coctel de lujo a unas dos cuadras de la Guacamaya. Se trataba de un complejo de oficinas muy, muuuy nice. Y en ese estábamos, escuchando un delicioso sax y degustando un tinto cuando el buen Carlitos me advierte:

Eeeeeee Guillén ay viene tu amigo….

Pues nada, que se trataba del buen Mauricio que venía a inaugurar el «bisnes».

Recuerdo que en el estrado estaba acompañado por un puñado de bellos jòvenes Entrepreneurs.

Y como estàbamos en una lindura de terraza, el paisaje manhatteano, imbricado con la deliciosa noche sampetrina,  comprendían una geometría misteriosa con aquella Presencia que un día me invito a la Milarca: el Marques de San Pedro.

Roberto Guillen

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