LOS RITUALES DE LA VOX POPULI…

LOS RITUALES DE LA VOX POPULI…

POR ROBERTO GUILLEN

 

En la colonia Obrerista con Alfredo Haros la Tradición se transfigura en un Carnaval de la Vox Populli: ha llegado el Sábado de Gloria y los vecinos tienen una cita con la quema de Judas. Fuenteovejunescamente los vecinos toman la calle Colegio Civil y Progreso de la mencionada colonia, para ensayar un juicio social, o si ustedes quieren, para decirlos en términos del torneo de machismo que padecemos, «un ajuste de cuentas».

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Mientras llega la hora del acto ritual, don Alfredo Haros, el guardián de la Tradición y un desatendido promotor cultural – lleva más de 40 años promoviendo la música del llamado ídolo de México, Pedro Infante- nos agasaja con algunos amantes de la mùsica nuestra, en un sobrio escenario que ha mandado instalar el alcalde Adrián de la Garza. Y ante la ausencia de colaboradores, el autor de estas líneas, se trepa al escenario para hacer las veces de un Raúl Velasco del Barrio.

Así que primero nos toca presentar a la frescura de Angeles Morales, a quien vimos descender de un «ecotaxi» de-los.verdes-, con ese rictus de profesionalismo que caracteriza a quienes nacieron para cantar, màs allá del escenario que vayan a pisar, más allá del público que los va a escuchar, y más allá de la paga que van a recibir. Sí, un evento josealfrediano, inadvertido para los asesores del «Estado». En la Obrerista brota el manantial de una Tradición desde el alma del señor Haros, pero las autoridades no dimensionan. Lleva años buscando el eco de un funcionario sensible para resolver una inquietud antes de irse a la tumba: instalar la efigie de Pedro Infante en algún punto de la ciudad.

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Eso sí, han llegado los policías de Adrián, muy conspicuos ellos. Muy en su papel de «polys».Parece que acaban estrenar el azul de sus uniformes. No se ven jodidones como suelen andar con sus ropajes desteñidos.Cargan sus  sus pistolones por si las moscas. El buen Adrián también nos ha mandado unos toldos y unas mesas con sus respectivas sillas para atender a una comunidad de abuelitas que suelen reunirse en una casa donde se les apapacha, corroborando la verdad de la oscareada Coco.

Ahora me toca presentarles a Martín Guerrero, un trovador sexagenario que pulula por las cafés y restaurantes de la Plaza Morelos, osea se debe a la puritita buena voluntad de la gente. Nos interpreta, entres otras cosas, la Cruz de Olvido. También se sabe plantar ante los abuelitos, y advierto en su rostro una Alegría que desconocía: se observa Artista, al fín es presentado como tal:

Señoras y Señores, con ustedes un sentimiento que le canta al pueblo, con ustedes, la voz de Martín Guerrero…

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Acto seguido nos piden hacer una pausa para pasar a la tradicional quema de Judas.El rio de gente una vez más nos dice que el Estado, o los funcionarios o a quien le caiga el 20, no conceptualizan la importancia, ni la riqueza que significa el ritual de una Tradición. Mientras los organizadores preparan el cableado para colgar los piñatones, la gente se toma fotos con la bronco-piñata.

El ambiente es de Carnaval. Asistimos a la Fiesta en la Calle… convertida en el patíbulo y en el escenario de un evento orgiástico . Mientras arde la figura de la bronco-piñata, por el aire vuelan los huevos que son lanzados desde una Alegría que ha cobrado su factura. Nos envuelve la Nube de la Gran Catarsis.

La Tradición como un ritual que alimenta y le confiere cohesión social a una Comunidad.

Roberto Guillen

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