DEL FASCINANTE PROFESIONALISMO DE UN ACTOR…

DEL FASCINANTE PROFESIONALISMO DE UN ACTOR…

POR ROBERTO GUILLEN

Señoras y señores, una vez más tuve la Gracia de ver en el escenario al joven actor Eduardo Martínez, de cuya carrera actoral ya necesitaba Escribir. Porque pasaban los días y de pronto una vocecilla me picoteaba el alma…y no haz escrito de aquel actor chingón? No, no y no, te falta disciplina y honestidad intelectual; no, no y no, me repiqueteaba aquella vocecilla del más allá…
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Con la Pieza 19 horas en el Topo Chico me maravillè de lo que es tener Amor por el escenario. De lo que es ser un Profesional de los escenarios. De lo que es jugarse el Alma en una función. ¿De dónde se escapó Eduardo? , surge la interrogante mientras viajo en el ruta 223, ¿De unas líneas de Aristófanes? ¿Del Shakespeare Globe? ¿De la mexicanísima carpa de Palillo?
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Un encuentro en el metro Cuauhtémoc me conmovió semanas atrás. Era una viva señal de que estaba en deuda con un gran talento de la ciudad. Me manifestó su interés en participar en el Festival Internacional Santa Lucía. Le dije que buscara a Lorenia Canavati, que es buena onda, que sí se armaba el tiro, que solo tenia que inscribirse en una forma donde sería calificado su producto cultural.
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Otra vez su Terquedad me ha conmovido. Vía facebook me pide que vaya a verlo, que va a estar en el Foro Arcadia, ese reducto de los histriones, donde va a presentar el Kamehameha,donde dramatiza la pandemia-intoxicación de la violencia en México, y de refilón exhibe el fracaso educativo de un país que se consume en el infinito toma y daca de la narco violencia. Un vibrante monólogo donde Benito el Sayayin, un chavito criminal ilustra la cartelera siniestra de nuestros días, denominada El Batallón de los desechables.Un crispante monólogo que desmenuza la numeralia de las estadísticas y responde a la sabia expresión de mi admirado Hector Aguilar Camín: Es tan dramática la pèrdida de cada una de esas vidas, que precisan de su propia narrativa.
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Cobijado con el estandarte de la mexicanidad. La orfandad en un charco de sangre. La intoxicación sanguinolenta de Benito el Sayayín frisa con Las tierras arrasadass del escritor Emilaino Monge:
¿La Patria es primero?

Roberto Guillen

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