EL DEBATE DE LOS PITUFOS: 4 CONTRA 1

EL DEBATE DE LOS PITUFOS: 4 CONTRA 1

POR DANIEL BUTRUILLE

El debate de anoche estuvo a la altura de la democracia mexicana. Es decir, enano. Su mérito principal fue de existir y de ser coordinado por moderadores disciplinados que se apegaron a las reglas. (¿Será que se hizo un paso en dirección del respecto al estado de derecho?). Desgraciadamente, reglas medio absurdas (establecidas por el INE), ya que para cualquier político digno de este calificativo, defender una postura en un minuto de tiempo releva más de la acrobacia oral que de la lógica de una retórica que perdió sus derechos en múltiples ocasiones durante las dos horas. Prevaleció la impresión que más que un debate, era un pleito de cuatro contra uno. Para bien o para mal. Las encuestas publicadas en días anteriores le quitaron objetividad al encuentro. Cuatro candidatos asaltando al puntero, el cual se atrevió a recordarles su ventaja para dejarlos calladitos. Pocas propuestas nuevas escuchamos, si no fuera por la del polizonte que los jueces del TRIFE dejaron subir al barco (supongo que para el siguiente debate lo van a bajar, encadenado y con vestido de rayas) que propuso aplicar las leyes de Singapur y de Arabia Saudita y de cortarles la(s) mano(s) a los corruptos. ¿Será la principal conclusión de este debate que México podría ser un país de mancos? ¿Y que su próximo presidente podría jurar sobre la Constitución con un brazo incompleto? Margarita Zavala apuesta a las mujeres. Con mucha razón. ¿Será suficiente para borrar la imagen de un esposo que (por lo menos), dejó mucho que desear? José Antonio Meade predica en el desierto. No se vale representar lo que 88 millones de mexicanos identifican con la corrupción. Pocas veces en la historia de México habrán sacrificado un candidato tan bien preparado técnicamente y tan ingenuo en los juegos perversos del poder. Una víctima de Peña Nieto y de Luis Videgaray. Tendrá que aprender que hay que saber escoger a sus amigos desde la escuela. El peje insiste que no es lagarto. Pero no deja de ser muy resbaloso. No contestó una sola de las preguntas que le hicieron. Solamente, acabó regalándole un departamento a José Antonio Meade. ¿Esto es un debate? Anaya sigue más vengativo que propositivo. No supimos nada de su propuesta de remuneración universal. Pero no perdió una oportunidad de denostar a AMLO. ¿Los debates no son para convencer con ideas antes que derrumbar a contrincantes por motivos mezquinos? Seguramente, el segundo debate será menos deprimente y más constructivo. Esto ameritan los mexicanos. Si pretendemos mantenernos a la altura de la 14º economía del mundo. ¿O preferimos la postura del país 135 en la escala de la corrupción? butruilled@hotmail.com

Roberto Guillen

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