TOCANDO LA CAMPANA POR MARA

TOCANDO LA CAMPANA POR MARA

POR GABRIELA CANTU WESTENDARP

UNA REALIDAD QUE MERECE SER TRANSFORMADA
(Crónica y reflexión sobre la Marcha contra la violencia hacia las mujeres)

 

El domingo normalmente la paso con mi familia. Pero ayer decidí unirme a la Marcha por Mara, la chica que fue asesinada en Puebla después de que tomara un taxi de la compañía Cabify. Me enteré por las redes sociales de la convocatoria. Pasé la información del evento a algunos de mis chats pero nadie estaba disponible para acompañarme.

Por lo general voy sola a las manifestaciones que me interesan. Los invito a que lo hagan. Llegué unos minutos antes de las 4 P.M. al punto de reunión. Para mi sorpresa nos reunimos más de 500 personas. El contingente avanzó en orden lanzando algunas consignas como:

¡Mara, hermana, tu muerte será vengada!
¡América Latina será toda feminista!
¡La culpa no es de la víctima!
¡La calle, la noche, también son nuestras!
¡Ninguna agresión, sin respuesta!
¡Los jueces también son culpables!
¡Alerta, alerta, alerta… mujer asesinada!
¡Vivas México!

Conforme fue avanzando me contagié de la energía de esta multitud, en su mayoría formada por mujeres, que demandan justicia por todos los feminicidios que ocurren en México y que quedan impunes. Es terrible que en el país asesinen a siete mujeres diariamente. Esto lo sabemos gracias a estudios que han hecho algunos grupos de feministas.

La violencia hacia las mujeres se normaliza de una manera tan terrible que muchos casos no se reportan, o si acaso se reportan solo llegan a la nota roja. Pocas veces hay respuesta de las autoridades.

Las voces de los manifestantes se hicieron más intensas al circular bajo el paso a desnivel de la Macroplaza en donde los gritos se volvieron densos y graves. La energía se concentró en un bloque humano poderoso. Sentí los gritos en mi pecho y mi piel erizada y mi rostro ardiendo. Éramos un ejército armado de coraje en busca de justicia.

Al llegar a Palacio las organizadoras tocaron la campana como símbolo de protesta, lo sentí como un llamado a una revolución.

Creo que la mayor parte de las mujeres y los hombres que se involucran en este movimiento han experimentado de cerca la discriminación, el rechazo o la violencia de género. Sin embargo, esto nos concierne a todos, es una realidad que merece ser transformada.

Las manifestaciones públicas nos ayudan a comprometernos con las causas pero los cambios comienzan en los hogares. La revolución —a mi parecer— se debe dar en el núcleo familiar a través de una educación de equidad y respeto entre hombres y mujeres.

¡Urge una revolución!

Roberto Guillen

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