BIENVENIDOS AL FESTIN DEL DESENGAÑO

BIENVENIDOS AL FESTIN DEL DESENGAÑO

POR ROBERTO GUILLEN

Queridos lectores, aquí les presento otro artículo de mi archivo periodístico, tocante a la dramaturgia de Xavier Araiza, que lo disfruten. Por su atención, Gracias.

 

Me fui  a ver «A puerta cerrada», de Jean Paul Sartre, la pieza que actualmente está exhibiendo el dramaturgo Xavier Araiza  en el Theatron (Escobedo 837 norte, entre Arteaga y Carlos Salazar, centro de Monterrey)

Y lo que me agrada del montaje es la osadía que emprenden los integrantes del elenco al desafiarnos con esos diálogos a la francesa que solemos ver  en las películas de Jean Luc Goddard. Todo un reto para  la glotona sociedad cibernética que se la pasa picoteando, huérfana de todo sentido de concentración.

Al ingresar al teatrino de Araiza nos recibe el tufo de un cerrojazo encarnado en la figura de un camarero (Alejandro López) maquillado con los aires de un ataúd , mientras el rictus de su rostro dibuja la cremación de los otros.

En la picota mortuoria del aquí nos tocó vivir, los desplantes lésbicos de  Inés (Jessica Berzosa) se resbalan con la fancy jabonosa feminidad de Stelle, que Gely Ortegón interpreta con una frescura delicatessen: Ella encarna el viaje de un tranvía  llamado Madame Bovary, donde el Feary Tale se estrella con la inexorable muñeca rota que termina desvencijada en los pantanos del game over. Garcín, risiblemente Garcín. Los inquilinos del «infierno» encarnan la carroza que no se dirije a ninguna parte. En el carrusel sartreano de Araiza, Eduard Munch encontró su equilibrio perfecto.

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¿Qué hay en los ojos del Deseo?

Never Enough

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La Traición Garcín representa la pertinaz personificación de la Fatalidad que nos brindó el trazo de Goya: Los sueños de la razón producen monstruos. Claro, claro,termina moqueando y suspirando por habitar en los calcetines de un pigmaleón. Un oxidado del alma que de su laberinto ya no quiere salir. Lo ha curado el Desengaño. Ahora se puede reir de todos. Que se pudra o se ilumine todo. Ahora se puede reir de todo.

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«La pieza teatral de Jean Paul Sartre mas representada en los escenarios internacionales, aborda el tema candente del infierno por todos fantaseado y temido. No trata de la imaginería a la que nos tiene acostumbrados la religión cristiana: es la metáfora de la eternidad después de la muerte, donde no es el fuego ni los suplicios del cuerpo los que torturan a los individuos sino la presencia intolerable y la cosificación a la que se someten unos a otros  mediante la mirada y el combate encarnizado: se trata del juego inauténtico y opaco, de la perversa puesta en escena del autoengaño y la venganza donde cada uno es el verdugo de los otros», nos comenta el dramaturgo Araiza en el programa de mano.

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La realidad humana no deja de ser un campo de concentración donde la mirada del otro ha sido infectada por la daga de Rimbaud:

¿A quién alquilarme?  ¿Qué bestia hay que adorar? ¿Qué santa imagen atacamos? ¿Qué corazones romperé? ¿Qué mentira debo sostener? ¿Entre qué sangre caminar?

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Ese riesgo brechtiano de exponer a sus actores y actrices, sin retoques, neones ni escapismos, le ha conferido un sello al dramaturgo Xavier Araiza. Donde alcazamos a colegir que la condición humana intermitentemente reproduce el cerrojazo de la Paradoja: los personajes de Jean Paul Sartre rebotan y rebotan en el «infierno» como una canica en el interior de una caja de zapatos. Efectivamente, el absurdo nos exhibe como fantasmas huérfanos en perpetua colisión…

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El teatro sartreano de Araiza ambiciona una estética de la Rebeldía. Sus personajes de terminal factura terminan iluminados por el festín del Desengaño.

 

 

Roberto Guillen

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