EL AUTISMO DE UN PRESIDENTE Y LA ESQUIZOFRENIA DEL SISTEMA

EL AUTISMO DE UN PRESIDENTE Y LA ESQUIZOFRENIA DEL SISTEMA

POR DANIEL BUTRUILLE

Enrique Peña Nieto está batallando para definir el legado que su presidencia dejará al país. Sobre todo para convencer acerca de las cosas buenas que hizo. Las reformas compradas a un Congreso sumiso y callado por el dinero de los moches, no han sido suficientes para dar testimonio de su genio reformador y estadista. Rechaza que México sea una tragedia. ¿Para quién? ¿No es una tragedia que no haya sido capaz de combatir exitosamente la pobreza?  Ahí están los datos del CONEVAL. Hablan por sí solos. Estamos cada día peor. ¿No es una tragedia que él y su gobierno, con todo y ejército y marina, no hayan sido capaces de combatir la inseguridad y que los muertos se sigan contando en decenas de miles al año? ¿No es una tragedia que México siga siendo un narco gobierno? ¿No es una tragedia que su gobierno no haya sido capaz de acabar con la informalidad en los negocios, dejando al país cómo una selva sin fe ni ley, en la cual más de la  mitad de la población no paga impuestos? ¿No es una tragedia que su presidencia, nacida de la corrupción en el Estado de México, no haya sido capaz de erradicarla? ¿Realmente hizo algo para acabar con esta plaga? ¿No es una tragedia que el tema principal de la contienda electoral en curso sea la corrupción? ¿No es una tragedia que la corrupción haya sido elevada de una herramienta para un gobernante maquiavélico, hasta el mismo sistema de gobierno del país? ¿No es una tragedia que la Estafa Maestra no haya sido castigada? ¿No es una tragedia que el candidato del presidente sea el que cerró los ojos sobre tantos actos de corrupción y que ahora promete que con él será diferente? Tragedia es que México sea el país más corrupto de la OCDE. Tragedia es que el líder del sindicato de Pemex, el senador Romero Deschamps, siga disfrutando de sus yates y de sus jets privados, al tiempo que Pemex se desploma por ineptitud y decisiones contrarias al interés del país. Tragedia el escándalo de Odebretch y su nido de complicidades a todos los niveles del estado. El veredicto electoral será igual de pesado en 2018 que lo fue en Nuevo León en 2015. Rechazo a usar la corrupción como sistema de gobierno. Y como consecuencia, la eliminación del candidato mejor preparado, pero incapaz de decidir con asertividad contra la corrupción. Enrique Peña Nieto y su comparsa (¿mentor?) Luis Videgaray habrán tenido éxito en algunas maniobras torcidas y opacas, pero  cómo lo dice Enrique Krauze, por todo lo anterior, el PRI no merece ganar la elección presidencial. butruilled@hotmail.com

Roberto Guillen

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