DEL PRESIDENCIALISMO A LA PARTIDOCRACIA…

DEL PRESIDENCIALISMO A LA PARTIDOCRACIA…

POR DANIEL BUTRUILLE

Murió por segunda vez Montesquieu, el autor de “El Espíritu de las Leyes” que preconizó la democracia, allá por el siglo XVIII, predicando la separación de poderes. Murió de nuevo cuando el día de ayer la (¿supuesta?) Suprema Corte de Justicia de la Nación le dio razón a la partidocracia de Nuevo León, en su manifestación más abyecta, para restablecer la figura de diputados plurinominales en un Estado que había logrado mantener esta figura antidemocrática, alejada de su Congreso. Murió porque sacrificaron la fuerza del voto popular por la sinrazón antidemocrática del nombramiento partidista. Este nombramiento constituye la antítesis de la democracia. Esta victoria de Arturo Salinas, y de un PAN rancio, y de Marco González y de un PRI autoritario y sin argumentos, confirma la cerrazón del sistema político PRIAN, contra la apertura hacía horizontes renovadores. La Suprema Corte, junto con el PRIAN, afirma que el sistema político actual que promueve la injusticia social, la desigualdad por nacimiento, la pobreza por decreto, debe permanecer con la ayuda de diputados nombrados en lugar de dejar actuar la democracia electiva. Promueve además un sistema totalmente inequitativo, negando la misma figura a los independientes. Sin partido, no hay salvación. Así lo afirmó el día de ayer la Suprema Corte de Justicia de la Nación, confirmando el giro del presidencialismo a la partidocracia. A Montesquieu, lo mató la partidocracia y lo remató la Suprema Corte de Justicia de la Nación. En nombre de intereses que tienen más que ver con moches que con justicia distributiva. Los jueces de la Suprema Corte seguirán en su Olimpo forrado de dinero de los contribuyentes. Arturo Salinas y Marco González seguirán en las cúpulas de sus partidos, merecedores de agradecimientos de sus jerarquías por haber logrado insultar la democracia. Pero cada día crece más el hartazgo ciudadano y se acerca el estallido que provocará una revuelta de consecuencias incalculables. Cuando la Justicia no es justa, cuando la Justicia es presa de los otros dos poderes, ejecutivo y legislativo, ya murió la democracia. Montesquieu ni siquiera tiene posibilidad de resucitar. Habrá que reinventarlo. butruilled@hotmail.com

 

Roberto Guillen

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