EN «EL ANTONIOS» CON DON ANTONIO

ROBERTO GUILLEN
@Periodistta
Cada vez que me hechiza un restaurant, siento la imperiosa necesidad de conocer a su Creador. Porque no solamente se trata de vender comida y ya. Porque se nota cuando el empresario le imprime su particular impronta , tal como se observa en la flotante atmósfera del Antonios, un oasis novelezco que descubrí Gracias a mi brother Guillermo Colín, donde nos dimos cita para planear la apertura de lo que será “Entre Pares TV”, un proyecto de televisión por internet que habremos de aperturar con el sello de lo Independiente, y con el carácter de la pasión crítica. Recuerdo que después de disfrutar una placentera tarde en El Antonios, con la interesante conversación del maestro Colín, y el delicioso amargor de unas bohemias, de unas deliciosas tortillitas crujientes que te embarras con esos frijoles con veneno para-chuparte-los-dedos, que luego vino el guacamole y luego unos cortes de suavidad celeste, aaaaaahhhh…que pasaban los días y la martillante pregunta gobernaba mi sesera con el ¿Antonios? ¿Antonios? ¿Quién será Antonio? ¿Cómo se le ocurrió crear el Antonios? ”Antonios”…”Antonios…” y en mis encuentros de temporada pandémica con los ex-habituales del Centro Cultural La Bolita, yo les preguntaba por el Antonios, ¿quién conoce al dueño del Antonios? Que quiero entrevistar a Don Antonio.
Y fue el viejo Domínguez quien me dijo que se trataba de Antonio Quiroga, tan apasionado de la fiesta taurina, que hasta es juez de plaza.
Yo creo que la telepatía si existe, porque unos 15 días después volvimos a ir por el banquete del Antonios, que nomás de pensar en su atmósfera me traslada con la vida peliculesca que se daban los grandes escritores como un Francis Scott Fitzgerald, un Oscar Wild, un Ernest Hemynway y toda esa estirpe que disfrutan el sello de un bon vivant. Les decía que entonces me volví aparecer en el Antonios y al instante pedí mi espumosa bohemia, mientras me paladeaba con el señorío de sus columnatas y de sus ventanales. Y cual sería mi sorpresa que de pronto con un halo del «Más Allá se abrió la puerta contiguo al bar y que va apareciendo un personaje con el garbo que suele caracterizar a los taurinos, de aires ondulantes, de esos hombres cuyos pasos describen a un ser determinado por construirse a si mismo, gobernado por una mirada que busca escrutar y traspasar a los otros, que aunado con sus patillas encanecidas, lo ribeteban como todo un amante de la fiesta taurina. Y como un chiquillo impertinente así lo abordó mi espontaneidad desde la mesa que compartía con el maestro Colín:
¿Tu eres Antonio?
No, es mi hijo
¿Quien usted?
Soy Roberto Guillén, Periodista
Y donde escribes, para quien trabajas, que haces- sentí sus palabras como un taladro buscando derruir sus malas experiencias , en un país donde a la corrupción los hijos del PRI la observan con un gesto de sorna cultural.
Tengo mi propia página, Poder y Belleza
¿Y por qué quiere conocer a Antonio?
Porque yo escribo de los restaurantes que me gustan, que me hechizan….porque la sazón y la atmósfera de un restaurant enriquecen el alma…a tal grado que uno se ve en la imperiosa necesidad de escribirlo.
Entonces usted debe estar loco, me respondió una voz seca y relampagueante, tan inesperadamente relampagueante, que no supe qué contestar.

Sí, usted debe estar loco, como yo…”El Antonios” es mi creación, es lo que yo soy…pero mire, esta pinche pandemia nos está quebrando, si viera que tan bello se ve cuando está lleno de gente- se lamenta mientras en sus ojos cintila una haz de tristeza.
-Pero todo esto se va a componer Don Antonio, además mi colega Guillermo Colín considera que esto de la pandemia no deja de tener un toque fársico, pues hay quienes se alivian con una fármaco llamado Dióxido de Cloro, osea hay que ponerse al tiro Don Antonio, pareciera que hay una consigna para reducir a la población adulta…
Mis palabras hicieron el efecto de una especie de psicológico aflojatodo, porque al instante Don Antonio ya estaba despotricando contra toda la runfla de tunantes que han saqueado a la Patria, ora festinaba la captura del marro, ora metía a todos los polakos en macolla y los llamaba bandidos, rateros, corruptos. De pronto su mirada le da un paneo al silencio desértico de lo que en otro tiempo le llamaban el sitio ideal para gozar de una amorosa cita clandestina, al tiempo que su pecho se agolpa para expresar un contundente: son una punta de cabrones, eso es lo que son…Porque yo te digo las cosas de frente, no ando con chingaderas y si eres un cabrón te lo voy a decir en tu cara, como al Maderito, que le puse unas cachetadas…
Oiga Don Antonio, y no le gustaría incursionar en la política?
No, yo no sirvo para eso…