CELEBRANDO EL CUMPLEAÑOS DEL J. J.

CELEBRANDO EL CUMPLEAÑOS DEL J. J.

POR ROBERTO GUILLEN

Queridos lectores:

Como se regocija el alma cuando levantamos la copa con un Monte Xanic, y sutilmente la estrellamos en el nombre de la Amistad. Se experimenta una evaporante mixtura, una sensación de flotar en la nube del Dios Baco; y el momento reviste el cariz de lo Inmortal: somos trasladados al prístino e iridisante instante de la Celebración. Sí, una cita con la Fiesta,  la party,  el sarao,  el wateke,  la rebambaramba, y  con el Dios Pan. El acto celebratorio como exigencia ritual de los humanos, imbuidos en una realidad netamente contingente: el Momento, la majestuosidad del  Mo-men-to… En este caso, un sabadito lindo en el que paladeamos el  Momentum del J.J. , ese carismático historiador amateur, que para no almacenar sus horas en cualquier cubículo academicoso, se ha inventado un oficio: realizar un tour cultural por las cantinas más antiguas de Monterrey. Estamos hablando de un Bon Vivant que escapa a la febril fabril relojería regiomontana, cuyo dicterio-dictado contra nosotros,los hombres libres, podría ser: en Monterrey, si no tienes cara de Lunes estas perdido…

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Esa tardecina en el bar El Cercado , el Momentum del J.J. era decorado con una montaña de carne asada; pero ojo queridos lectores, no se trata de esos bistecks pedorros que te regalan en los barecillos populacheros de la City, como una esclavista dádiva por ir a dejarles  religiosamente tu quincena, nou,nou, nou…que después andas aullando por un palillo de madera para extraerte las astillas lombricillas que se te han incrustado entre las muelas y los caninos-incisivos;  nou,nou,nou.. que se trata de esos cortes exquisitos que te preparan en la Ramos, tan exquisitos, que hasta hay que soltarle una buena propina al tablajero de ese negocio, donde te venden unos chicharrones de la marca para-chuparte-los dedos, que dicho sea de paso, fue nuestro manjar inicial, o como suelen decir los maníacos de la buena mesa, «para abrir boca»…

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Aaahhhh…la espuma de la vida pasa por mi garganta,mientras el J.J. me narra sus conquistas con aquellas mujeres de la opulencia que lo trepan a su Mercedez Benz, mientras les habla de los caprichosos hilos de la Historia…

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Aaahhhh…

 

Roberto Guillen

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