Y EL MUNDO SE VOLVIO DE CHICLE TOTITO…

Y EL MUNDO SE VOLVIO DE CHICLE TOTITO…

POR ROBERTO GUILLEN

 

Queridos lectores, cuantas carcajadas me ha prodigado esa chicharra de la hipermodernidad que llaman twitter. Es el espejo fiel de un pertinaz desfiladero .Como bien dice aquel filófoso francés, asistimos al descafeinamiento de las sensaciones y de las emociones.

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Fuera de los medios chayoteros establecidos, qué bajo caen los esquiroles de un sistema: a mi admirado Aguilar Camín lo humillan y lo definen como un texto-servidor. La sobrina trismente priista de Salinas le preguntan los tuiteros que si ya sabe quién de sus tíos le dio en la madre a Ruiz Massieu. Y la última delicia que me ha brindado el chismoso twitter es la predecibe película de los trogloditas del PRD disputándose las migajas de las mijas…de risa chaplinescamente loca.

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En el parque fundidora un Tartufo de Moliere les arroja «agua bendita» a los ex -obreros de la Maestranza. Ellos fueron a recordar a sus 17 compañeros que perecieron bajo el fuego del acero aquel 20 de noviembre de 1971. Y el puberto tartufo les habla desde una liturgia desabrida y descafeinada. Ellos orgullosos portan la camisa con aquel elefante símbolo de la Maestranza y el mocoso tartufo apenas consigue salirles con la triste pendejada de… «es que no pueden estar con la mano estirada…es que hay que trabajar. Yo se que ustedes no son de dinero…pero han dado un gran ejemplo a la ciudad, bla,bla,bla…y después que el gentleman tartufo guardó las copitas y demás utensilios de su desbrida liturgia en un portafolios negro, me acordé de aquella versión del colega Ricardo Raphael, publicada en su libro el Mirreynato: «Los Millonarios de Cristo» te rentan un sacerdote para tu bautismo, cumpleaños o lo que sea, como si fuera un escort…

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Pero después vendría la insobornable voz crítica de Abraham Nuncio. Todavía no se quitaba el ajuar Don Tartufo cuando ¡Sooopas! que el maestro Nuncio, sin pelos en la lengua, les dijo a los obreros de la Maestranza que no, que «aquí no podía estar Dios», que como era posible que dejaron caer a una poderosa empresa que tanto le había dado a la ciudad y abandonando a su suerte a los obreros. Que dicho  sea de paso, según me dijo mi camarada Blanquitta, algunos se muerieron de la pura depresión y algunas de sus esposas se fueron al vaporoso mundillo de la vida galante. «No aquí no puede estar Dios…Dios no puede estar ahí, donde se le hace daño al prójimo, de acuerdo con este principio de amarás a tu prójimo como a ti mismo…»

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Y mientras el tartufo descafeinado emitía su desabrida liturgia, a una distancia inteligente un iconoclasta departía con tres conciencias de la Ciudad: Abraham Nuncio, Raúl Rubio y Martínez Berlanga. De pronto el iconoclasta abre su gadget y observa que el Pato Zambrano ya se arrejuntó electoralmente con el inefable Maderito, provocando que así les responda el Comandante Rubio:

…pero de qué se trata esto? Acto seguido el iconoclasta, sediento por una respuesta inteligente, interroga al maestro Nuncio:

Qué le parece esta alianza entre el Pato y el Maderito?

Pues que son de chicle, no hay ideología, no hay nada…    

 

 

Roberto Guillen

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