VIVA LÓPEZ OBRADOR: CRÓNICAS DE UN ACTIVISTA

ROBERTO GUILLEN

Por esos días la efervescencia de la derecha contra López Obrador operaba con todo su vigor. Sabían que el tabasqueño seguía imparable en su ruta rumbo a Los Pinos. Ellos querían seguir saqueando a la nación, y ningún hijo de Macuspana les vendría con ese balde de agua fría que llaman “se acabo la fiesta”. Entonces lo que procedía era armarle un pleito ranchero con eso de que no respetó las medidas de un terreno y ya chingamos para aplicarle la llave de un desafuero, tal como fue la deleznable estrategia de Vicente Fox . Pero nomás no pudieron, porque cuando un acto de injusticia se levanta contra los emblemas de la nación mexicana, el movimiento se revitaliza y se vuelve imparable hasta convertirse en lo que hoy llaman movimiento de regeneración nacional. Y por esos días “me ganaba” la vida escribiendo para la Revista Ronda, donde establecí mi trinchera para lanzar mis dardos contra el dinosaurio que todavía seguía ahi. Que sin trinchera nos consume el tedio y somos estragados por la fortaleza de la convencionalidad. Que sin trinchera el espíritu se atrofia y ya no queda aliento para disparar con la pluma, urdir la telaraña de la lutte sociale y salir a manifestarse. Que sin trinchera uno termina por convertirse en una estatua de sal, una momia lacrimosa que va por la vida sufriendo la epilepsia de una nostalgia que ya no vendrá.Que sin ternura el guerrero está condenado a la Derrota. Que es preciso jugarle trampas al Poder y reinventarse desde donde la razón deja de serlo: Nací con un As bajo la manga. Y ahi tienen, que de cuando en cuando venía a visitarme el viejo Rosalío Quintero, un abogado exitoso que frisa con las ideas de la izquierda mexicana. Que pareciera traer un sofisticado artilugio cuando mis tripas crujen y me faltan proteínas para seguir escribiendo. Como el milagro de una transfiguración, aparecía mi padrino enfundado en un bello traje negro y con un elegante sombrero de fieltro:
-¿Cómo está mi periodista revolucionario?
-Pues aqui padrino, tratando de curar mi rabia…
-Que bien te quedó tu libro Tiempo de Perros, me lo bebí como si fuera agua de limón..
-Gracias Padrino, ya tenemos buena tela para la conversación de hoy
-Esos mochos de Jalisco nunca se compusieron, que bueno que te salvaste de caer en sus garras
-Sí, padrino,eso estuvo de película
-Pero de qué te extrañas, cabrón, tu vida siempre ha sido una película
-… (tecleando sordamente)
– bueno, apúrale que te voy a premiar por tu libro, te voy a llevar a otro lugar que te va a gustar
– ¿Me vas a llevar con las teiboleras del Fufito?
– No, cabrón, primero te voy a llevar a comer, porque si no te me vas a desmayar…ja-ja-ja-ja

Por misteriosas razones, en la linea de mi destino siempre aparece un San Francisco que se apiada de mi orfandad existencial, una rusa orfandad muy a la de Gogol en las almas muertas, muy a la del gran Fiodor en su luminosidad literaria. Y ahi me tienen ustedes montado en un lujoso Cadillac que mi padrino acaba de sacar del car wash. La ciudad parece flotar y me observo en un pertinaz despegue desde la nave “Challenger” de mi padrino.Me gusta su estilo de conducir.Me produce la sensación que viajamos rumbo al “Más Allá”. Pero no. Tan sólo es la proustiana sensibilidad de un iconoclasta periodista que nunca tuvo los huevos para largarse a New York, aprender el inglés entre negros, puertorriqueños y otros lavaplatos, para después convertirse en su anhelado sueño de estudiante: ser un reportero estrella del New York Times.Ni modo. Me queda la mexicanidad y vale la pena luchar por ella, decía para mis adentros, mientras mi padrino me advertía de unas flautas con guacamole para chuparse los dedos, mismas que me zampé con sublime delectación. La comida mexicana es la otra fiesta que no solemos advertir, mientras no traemos un frijol en el estómago, mientras no salemos del villorrio a conocer otros mundos, otras calles, otras nubes, otras ilusiones…mientras tanto, los días corren imperiosos y la rabia no me ha dejado, la digna rabia de luchar por la patria se ha convertido en mi destino.En mi garganta se ha ido incubando la granada del no-me-puedo-callar…y cuando escuché a los fabulosos metales de los fabulosos cadillacs me sorprendí que el pretagonista de la rola soy yo; que tantas veces me han dicho, te van a partir la madre wey, por tu manera de hablar, eres de esas personas a las que las callan con un balazo; ¡aguas! Guillén, te van a desaparecer. Pero aquí sigo,tejiendo la telaraña de la lutte sociale. Ahora si, mi padrino me dice que ya nos vamos con las teiboleras del “Fufito”, por lo que nos enfilamos por esa calle donde se ubica el estatal de los panistas, cerquitas del Oso TV. Las mexicanísimas flautas con guacamole me han puesto a tono con el confort del Cadillac. Me rige la ley del péndulo, de pronto el hambre y las tripas me raspan como una lija y de pronto se me abre el Banquete de la Vida, y soy un perfecto desconocido, soy la broma sin remitente, una broma en el aire, flotando socarronamente.Ya estamos por llegar al fabuloso congal del Fifito, pero al estar frente a los ventanales de los panistas, veo que luce abarrotado, y un tal Francisco Barrio les tira un rollo al micrófono, por lo que al instante me relampaguea una idea brillante, mientras el semáforo está en rojo: mira padrino, te voy a demostrar lo que es un activista de a deveras; y que abro la portezuela para ingresar al terreno de los panuchos y emitir un grito a toda garganta: ¡Viiiva López Obradoooooor!
Y que me trepo echo madre al Cadillac, al tiempo que mi padrino hunde el acelerador hasta perdernos entre la jungla del asfalto. Claro que mi padrino estaba convertido en una máquina de carcajadas.
“Me gusta tu adrenalina , cabrón…ja-ja-ja-ja-ja…ahorita vamos a brindar por tu locura”
Recuerdo que al ingresar al Oso Tv, donde en otro tiempo el poeta Macedonio se encueró como si fuera una teibolera más, lo primero que pedí fe mi Bohemia de rigor.

Salud, mi periodista revolucionario
Salud, Padrino, Gracias por estar aquí
Después vendría una feria de cuerpos electrizantes que al parpadeo de las luces alborotaban las hormonas y exhibían a un Rosalío Quintero hechizado por las venusinas, hasta caer arrobado por un sublime infantilismo.
Discúlpame, mi periodista, pero es que a mi la nalga me subyuga. Obviamente tiré la carcajada, mientras oteaba en una moza que tenía unos pechos gigante-grotescos, carentes de esa sutil inclinación grácil con que la naturaleza hace la Hermosura de la vida:

Oye Padrino, una pregunta técnica:

¿A poco esas tetas si son de a deveras?
De a deveras lo que acabas de hacer tu con los panistas, cabrón…ja-ja-ja-ja-ja-ja-ja…

Pero la noche apenas empezaba. Quien sabe qué revolucionario de la historia se metió en mis entrañas porque todavía sería protagonista de un involuntario pedo más gordo. Bueno, digo involuntario porque nunca lo planee , nunca pensé que al día siguiente saldría publicado en el periódico el Norte que un activista se había aventado una protesta histórica en el Museo de Arte Contemporáneo (MARCO) , única en los 10 años que tenía de su existencia.
Pues después de concluir la diversión con las teiboleras del Fufito, mi padrino tuvo la grandeza de preguntarme que para donde me dirigía, que él con todo gusto me llevaría hasta el sitio donde fuera preciso. Le contesté que el corazón de la noche estaba en el MARCO , donde la embajada española ofrecía una suculenta vernissage de banquete plástico y no me lo quería perder. Me interesaba parlar con la divina fauna de moscardones cocteleros, presenciar el desfile de la burbuja sampetrina, tomar una copa y degustar de la pintura española. Recuerdo que mi padrino me dejó exactamente frente a la entrada principal del museo, que ya lucía atiborrado y algunas miradas estiradas dejaron de serlo cuando me vieron bajar del cadillac de mi padrino: lo que provoca un precioso carrazo, lo que provoca la imagen del poderoso “tener”. Tal vez esto fue lo que engordó mi vanidad y me otorgó el suficiente aplomo para ingresar al recinto, convertido en una sulfurante bomba molotov, que al ver los bigotes y la grisura de Natividad González Parás , junto a doña Nina Zambrano y la embajadora de España, compartiendo el estrado para inaugurar la muestra con discursos somníferos y exasperantes, la granada garganta que soy no lo soportó más y, ante la impasibilidad que flotaba en el aire, frente a un acto de injusticia que retumbaba por toda la nación, como lo era el desafuero de López Obrador, no soporté más la mediocre e insultante normalidad y estallé como un palestino sin remedio:

¡Viva Lopez Obradoooooorrrrr!
¡Que viva!
¡Viva López Obradooooooorrrr¡
¡Que Viva!
¡Viva López Obradooooooooorr!
¡Que viva!

TEXTO INCLUIDO EN EL LIBRO “VIVA LOPEZ OBRADOR: CRONICAS DE UN ACTIVISTA
EDITORIAL PODER Y BELLEZA
2020 MONTERREY NL