UN CAFE CON LUIS DONALDO COLOSIO

UN CAFE CON LUIS DONALDO COLOSIO

ROBERTO GUILLEN
Queridos lectores, dado que continuamos con nuestro proyecto editorial EL SER DEMOCRATA, en días pasados tuvimos la oportunidad de tomarnos un café con el joven diputado Luis Donaldo Colosio, a quien encontramos enfundado en un gran compromiso por atender los asuntos de la polis. Sabe que no hay democracia perfecta, sabe que a los idealismos muchas veces terminan por ahogarlos la peste del ego, la pomposa vanidad o un simple y venenoso malentendido. Después de hacer un close up a su personalidad e ideario, lo encontramos centrado y con una suerte de madurez por atender e interpretar las necesidades más urgentes de la comunidad. Sabe que su apellido pesa, sabe que la gran ciudad de Monterrey precisa de una nueva generación de liderazgos, pero no como a los que ruinosamente nos tenían acostumbrados, con eso de que el Rodriguito Medina no se movía sin su runfla de guaruras y toda esa parafernalia de distanciamiento hacia la comunidad. En cambio al joven diputado lo distingue una cercanía, una calidez, que lo mismo se nota en su sobria indumentaria, en sus tenis, en su indumentaria sin corbata, y en su constante manera de dirigirse al periodista: no mira carnal, es que tu sabes carnal, tenemos que cambiar carnal…Desde el noveno piso del Congreso del Estado, en su privado, Colosio alcanza a virar su rostro para señalar ese palacete de cantera, donde despacha la misma decepción. Al instante emite un gesto de indignación, que es acompañado de unas palabras que sintetizan la misma indignación social: ya tiene años queriendo vernos a la cara…

Roberto Guillen

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