UCRANIA, DESDE EL CINISMO

UCRANIA, DESDE EL CINISMO

LUIS HELGUERA
NO ES EXACTAMENTE que nos adaptemos. Estudiamos las coyunturas a nuestro favor y, si de adaptar se tratara, maniobramos se tal manera que el mundo se adapte a nuestros designios. Designio= Diseño. El diseño del mundo desde nuestro centro de operaciones. En el “aquí y ahora”, una manera de interpretar el “carpe diem”. El mundo fue puesto para nosotros, no al revés, y podemos hacer con él lo que esté a nuestro alcance. Y perseverando en eso hemos logrado tener mucho alcance. Nos cae bien Greta Thundberg, aunque ella se instale en una especie de contradicción: nos ayuda excelentemente a lograr metas. Por ejemplo, su trabajo en convencer a los países en abandonar el petróleo, de tal manera que ese petróleo nos lo quedemos; los demás que ya no lo consideren necesario, ya que es crucial en nuestra estrategia. Y si se “vende” como energía sucia (no cabe duda de que lo es, como lo fue el carbón en otro de esos grandes momentos, moviendo a la mitad del mundo: barcos, minas, maquinaria…), eso nos ayuda también a asegurar el litio. Estamos con Elon en esto. Pero no podemos darnos el lujo de la ingenuidad, y por eso nuestra intelligentsia ha trabajado por años y años… Sucedemos a generaciones que dieron grandes pasos hegemónicos, y con este devenir se ha creado nuestro corpus de inteligencia. Hemos aprendido mucho de nuestros grandes errores, como el del jueves negro de Wall Street. No damos cuenta que hoy es posible hacer la guerra con armas innovadoras: las de la Era de la Comunicación.
En ese rubro hemos hecho muchísima inversión que reditúa. Pero no podemos comparar eso con la fabricación de armas y la investigación concomitante. No es sólo modernizar armas, sino abrir nuestra influencia al espacio. Si alguien creyera que habíamos abandonado nuestra “carrera al espacio”, bueno, en efecto se lo creyó. Porque nuestra supremacía es TEMPORALMENTE terrenal, pues sabemos del pequeño tamaño de nuestro planeta y la gradual pérdida de recursos no renovables, e incluso sabemos que lo renovable está irremediablemente condenado. Pero eso es aquí, en la tierra, cuando hay bastante más espacio para desarrollarnos. Espacio, ¿se entiende?
De todas maneras las cosas han de llevar un ritmo. Desde luego nuestra supremacía rige. Que tenga mala prensa sólo nos preocupa por el estorbo que eso pueda suponernos: no nos vamos a detener, y a una mala prensa sabremos oponer otra MUY MALA PRENSA.
Veíamos, en una de esas coyunturas, que nuestro diseño de la OTAN iba a servirnos grandemente, aunque admitíamos la fuerza, innegable, del Pacto de Varsovia. Que internamente aquello no se sostuviera y que tuviéramos quintas columnas allí para derrumbarlo… era cuestión de tiempo. Y por eso veíamos con interés la caída de la URSS y del Muro de Berlín, el estrepitoso desastre del telón de acero. Veíamos también a Ucrania como un punto neurálgico, y por cierto no como una nación. Ucrania todavía es bastante grande, aún con las escisiones decididas por Putin. Produce muchísimo alimento, y es nuestra manera de cercar a la nueva URSS, que es lo que pretende reemprender Putin. Tiene minerales, tiene de todo, y está en un sitio privilegiado del orbe. Pero es necesario cortar la salida de la nueva URSS hacia el sur, y que ellos desarrollen rutas y espacios por el norte… aún no se derrite tanto el polo como para que lo logren, ellos y los chinos.
En Ucrania hemos estado trabajando desde tiempos de la antigua URSS, a sabiendas (y en esto hay, desde luego, un dejo perverso) que la “Rus” se fundó en Kiev. Bastante simbólico es arrebatarle a Rusia Kiev. Y en Rusia (o la URSS) siempre han pecado de ambiciosos. ¿Qué sería si no Iván el Terrible? Cuando Eisenstein le hizo ver a Stalin que él era una especie de nuevo Iván, Stalin enlató la película y Eisenstein tuvo que hacer maletas: Stalin no estaba de humor de que nadie lo regañara. Stalin era menos fuerte de lo que él creía. O más bien, en su fuero interno, SABÍA que no era tan fuerte. ¿Más que Hitler? Ah, eso sí, pero temía por sus talones de Aquiles. ¿Beria? Demasiado obsequioso… Mejor Nikita para sucederlo, y que aquello se sostuviera por más tiempo. Pero los rusos son curiosos en un aspecto: tienden a ser un poco autistas. Digamos que, si jugaran ajedrez, se hacen fuertes con enroques y tratan de consolidar posiciones en el tablero, pero NO INTENTAN DOMINARLO. Nuestro relato de la “Guerra Fría” siempre los contuvo.
¿Creemos en el Destino Manifiesto? Será, pero ese discurso nos viene como anillo al dedo. En realidad postulamos el dominio a través del capital, pero del GRAN capital, ha de entenderse. El capital es para nosotros una herramienta, no un fin en sí mismo. Y el género humano nos interesa en cuanto a consumir, no importándonos si se consume a sí mismo en el proceso, o se consume su sustento. Pobre ser humano. ¿Pobre? Tan pobre como el pueblo de Ucrania, aquí y ahora. Pero ese pueblo votó y creyó, o creyó y votó. Se han estado portando admirablemente en favor nuestro. Desde Stepán Bandera hasta las pugnas entre Kuchma -el del “Cosmódromo de Balkonur” (cuando aquí los que hablamos del Cosmos somos nosotros)- con Yúschenko, hemos estado siempre activos y vigilantes. Sabíamos que un líder siempre pierde vapor, y por eso aunque estuviéramos detrás de Yúschenko, intuíamos sus fallas y la necesidad de trabajar a trasmano, mucho más allá. ¿Lo envenenamos nosotros? ¿Lo envenenaron ellos? No quieran saber. Pero Yúschenko y la Revolución Naranja habían llegado al final de su vida útil. Subió Yanukóvich… por un tiempito. Cayó con el euromaidán… Putin respondió con sus anexiones, Crimea y Sebastopol. ¿Nos preocupaba? Hay que ver estas cosas como ventana de oportunidad: mandamos a Victoria Nuland a hacerse cargo, no de la situación, sino de la situación de la situación. No nos gusta la KGB: necesitamos infiltrarla, y sabemos que ellos intentan hacer lo mismo con nosotros. Yulia Timoshenko se nos había desinflado. Los rusos afirmaban que “toda una generación de diplomáticos y burócratas había aparecido después de años de histeria ‘naranja’, quienes se encontraban llevando a cabo una agenda anti-rusa, creando un efecto que a Ucrania no le agradaría». Es decir, Putin seguía en pie de guerra, y esto le estaba dando entrada a sus pretensiones. Cuando Yanukóvich se escapó, se logró la colocación primero del pastor Turchinov y después de Poroshenko. Nos importó un pepino que con esta gente el ingreso per cápita del ucraniano medio descendiera a niveles ridículos: es parte de nuestro sistema manejar y lograr eso. Lo hemos hecho en El Salvador, lo llevamos adelantado en Venezuela… Pero las grandes corporaciones se fueron beneficiando, y nosotros estamos con ellas, o más bien, ellas con nosotros. No han estado pagando impuestos por años… Pero, ¿se puede confiar en la gente? Poroshenko no supo evitar que se le mencionara en los Panamá Papers…
Apoyamos al comediante Zelensky… y ganó con un aplastante 73% de aprobación: la gente pensó que como presidente iba a ser lo mismo que su personaje en lo de “Servidor del Pueblo”. Le creyó lo que decía en youtube… Iba a ser nuestro nuevo títere en Ucrania: lo celebraron con entusiasmo Trump, Macron, Duda… Zelensky apoyó el movimiento euromaidán entre 2013 y 2014. Durante la guerra en el Donbáss, apoyó activamente al ejército ucraniano, y no quería que la gente en Ucrania hablara ya ruso. Decía cosas interesantes: que Stepán Bandera fue «un héroe para cierta parte de los ucranianos, y esto es algo normal y genial”. Fue uno de los que defendió la libertad de Ucrania. Zelensky escribió en facebook que «la frontera es lo único que Rusia y Ucrania tienen en común». Era nuestro hombre allí y lo había estado haciendo bastante bien… pero tampoco Zelensky cuidó sus flancos, y resulta que va apareciendo en los “Pandora Papers”. Eso no importaría, pero la llamita de Zelensky se comenzó a apagar. La UE no estaba del todo segura de aceptarlo, y tampoco nuestra OTAN. Él ha estado, de plano, rogando por eso… pero Putin se adelantó: ya se las olía. A Putin lo que le molestó de Zelensky fue su fanfarronería, y lo comenzó a vigilar de cerca. Ya se habían roto los acuerdos de Minsk y la verdad, bien por Putin, puesto que la entrada de Ucrania en la UE y en la OTAN nos parecía interesante, y a algunos necesaria… Pero tampoco somos bisoños: veíamos la posibilidad de esa guerra, y la nueva ventana de oportunidad. Es decir: ganar muchísimo haciendo la guerra, aunque dijéramos que la queríamos evitar. Más conveniente esa guerra que una paz demagógica y sin oportunidad de negocio. No deseamos llegar a la guerra atómica porque acabaríamos pronto… y tal vez no nos iría tan bien. Necesitamos respetar los ciclos, y una guerra medianamente sostenida y no demasiado cruel siempre es un modo excelente de hacer negocio. Decimos “no demasiado cruel”, pero nos interesa vender la idea de que es “sumamente cruel” en los medios que controlamos. Y sí, ha de serlo. Ya va una buena cantidad de ucranianos muertos… Algunos rusos también; inflamos su número. Es el “daño colateral” de provocar que esta guerra, en vez de terminar, continúe. ¿Qué prevemos? Que Ucrania quede como neutral. Un colchón.
All right and along. Veamos el balance: tanto en los Estados Unidos como en las áreas duras de la OTAN y la Unión Europea hemos conseguido un apoyo casi unánime de la “opinión pública” (opinión, jeje!! Sonreímos ante esa pretensión) en que ésta es una guerra “injusta” de parte de Rusia. Y que para contrarrestarla se hace necesaria una “defensa de la democracia”… con envío de armamento a Ucrania, a la OTAN y a la misma UE. Eso, que para “opinión pública” le da un tono moral a nuestra parte en el conflicto bélico, nos ha producido una ganancia, en cosa de unas semanas, de 82,000 millones de dólares. El canciller alemán Olaf Scholz anunció una “inversión” en seguridad de 100,000 millones de euros para 2022. Tenemos a nuestras fábricas activas: Boeing; Lockheed Martin, Raytheon Technologies, Halliburton se mueve con presteza para detectar nuevos negocios petrolíferos… Elon Musk le vuelve a dar un tono preferente y necesario al petróleo (que Greta se enoje, ni modo). Todo apunta a uno y lo mismo: vamos ganando. Se perfila un nuevo plan Marshall. Tenemos en Biden a un buen elemento, igual que en Boris Johnson o en nuestros jefes sionistas en Medinat Yisra’el, Isaac Herzog y Naftali Bennett, como lo teníamos en Netanyahu y esa gente. Siempre tendremos abierto lo de Palestina, y ahora esto de Ucrania nos está viniendo de perlas. Como lo demás: Yemen, Somalia, Siria, Bagdad… No vamos a repetir el error de Vietnam, por cierto. Remarquemos que estamos muy contentos con que la gente ponga la banderita de Ucrania, pobres colores como pobre gente de allá, en su perfil de facebook. Le da el tinte “ético” necesario a lo de “responsabilidad para proteger”.
En fin, ¿qué podemos decir? Business as usual.

Roberto Guillen

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