RUTA GUADALUPE-JUAREZ

RUTA GUADALUPE-JUAREZ

El Prángana va de rol

Sentado a la diestra, en un asiento improvisado sobre el cofre del motor interno, el Prángana habla a gritos con el conductor. Apuñalan el recuerdo de los compas en la más reciente parranda dominical. Encima de las cumbias chicanas a todo volumen y el ruidazo de los pistones, ellos se entienden perfectamente. Mediodía de cuarenta centígrados.

Lámina ardorosa forrada con peluches. Los tímpanos se engarrotan con los decibeles rancheros. Caballos y amoríos incestuosos: los jinetes descaran su empecinado amor a sus madres. El Prángana la rola. Auxilia al chofirete en el cobro de los pasajes. Sirve como espejo retrovisor,entretiene con su charla en los embotellamientos más desesperados, intimida con mentadas a los conductores intrusos. Es muy valiente este Prángana. Su actuación es puntualmente celebrada por un par de señoritas. Ellas viajan en primera fila, en locaciones acojinadas con vinil ribeteado.

Salimos de la Expo, encasillados en mínimas bancas de madera. Henos aquí fatigando distancias en el vientre total del olvido. Sentados vamos veinte. Veinticinco a pie.El cubo se hizo para quince. Guarismos y cálculos escandalosos,tristes. Y muy violentos. Tres ventanas clausuradas escatiman el viento, el cielo quizás, a los viajantes. El Prángana, perro tirano, ordena: ¡córranse pallá,atrás hay lugar! Pero atrás no hay más espacio.

Encarnizada lucha por un asiento

El que alcanzó alcanzó y el que no, se tiene que aguantar colgado del mohoso pasamanos durante la hora o los diez kilómetros, lo que sea primero en esta carcacha que parece no avanzar. Ni modo, qué le vamos hacer en un país apachurrado como el nuestro. Por eso con el aguinaldo lo primero es comprarse un vochito aunque sea del setenta, un americano no, ya ves cómo andan los del Registro Federal, porque en tu propio móvil te das tiempo para llegar a donde sea sin tener que esperar por horas al pesero color azul raya amarilla y unos letreros al frente donde se leen los puntos intermedios y el precio del pasaje escritos con letras blancas y muy chuecas y en la defensa de la camioneta con pintura de aceite un mensaje amenazador : La Berruga Bengadora.

Cosa que hace que uno se dé o que sufra de antemano sabiendo lo que le espera porque a fuercitas tiene que levantar el brazo en la seña ritual, lo que significa pedirle a tu propio verdugo se detenga y te otorgue la gracia de la lenta agonía que significa ir retrasado, como esa señora que se va a subir con todo y bebé, al que tendrá que dejar en la guardería del IMSS y luego súbete de nuevo a otros dos camiones hasta desembarcar molida y desgreñada en el portón de la fábrica donde en caso de llegar tarde el vigilante no perdona y vas de retache, pero gracias a Dios ya vas arriba aunque sea en el estribo.

Ahora llega la urgente chinga de ir hasta el fondo y buscar un sitio en la inmensidad aplastante de los cuerpos y cabellos y libros y todo eso que la gente suele cargar en el transporte, qué bárbaro cómo pesa el niño que apenas puedes aguantar con un brazo porque en el otro detienes la pañalera y todo tu peso con esa mano que se te va a salir de cuajo, ya ni la sientes dormidísima, te cosquillea. Otra frenada de la bestia, otra más y no responde, no sabes lo que vaya a suceder, qué pena, qué coraje, nadie se acomide, se pare y te ofrezca el asiento o ya de perdido te sostenga al chamaco.

Yo  no más te veo y me hago el que ni en cuenta a lo mejor me animo y te doy el lugar pero qué cansado me siento, tengo sueño ha de ser por el poco oxígeno aquí dentro, la verdad es que soy un inconsciente, un mal educado por más que te veo batallar no me compadezco, veo tu drama como ver tele, como algo que no me concierne, y nomás pelamos los ojos para morbosear a la que se deje. Pasan los minutos y las cuadras, por fin bendito el Creador, alguien grita bajan,lo que vas aprovechar de inmediato pero una pinche viejecilla se te adelanta. Ruidos de arcada aquí cerca, no hay que moverse no me vaya alcanzar la guacareada de la niña que viene mareada, casi para desmayarse, pero su mamá no es para bajarse a que le dé el aire a la criatura. Por el contrario, le da sus trancazos en la espalda para que ya no vomite y la regaña con maldiciones y amenazas. Por fin me animo, me doblego, con el corazón en la boca te digo gusta sentarse señora, y así es como yo paso a la otra parte del cosmos, a las coordenadas de los tamales oprimidos desde todos los ángulos y dimensiones. Ahogado en el dulzor de la gasolina, la amargura del aceite quemado y el aliento de todas las bocas de toda la raza humana aquí y ahora encapsulada para siempre jamás. Chingo a mil.

La pesera es cultura

A lo largo y ancho del galeote lucen desparramadas las insignias, que a un tiempo embellecen y dan prestigio al capitán de la nave.

  1. En el techo tres banderas: México (o de Italia, por la ausencia del águila), Estados Unidos y Gran Bretaña.
  2. Del lado del conductor, en la parte superior:
  3. a) Llavero-porta-retrato con los rostros de tres niños, suponemos que son los hijos del chofer.
  4. b) Ventilador eléctrico
  5. c) Herradura con estampita de San Francisco de Asis
  6. d) Tres ajos atados con cintas de colores y rosas de plástico.
  7. e) Canastilla para colocar caja de papel facial.
  8. En otros sitios, parabrisas y techos incluidos:
  9. a) Lata de cerveza «Budweiser»,agujerada, con foco adentro.
  10. b) Anuncio: «Circus Disco».
  11. c) Espejo retrovisor interno con imagen de la Guadalupana. Un letrerito al calce: «Ayúdame, virgencita».
  12. d) Letras blancas estilo western que forman la palabra «Texas».
  13. e) Otra lata de cerveza: «Coors».
  14. f) Oración escrita con caracteres rojos sobre madera:

«A Dios encomiendo mi alma si la muerte me sorprende en el camino»

  1. g) Rostro de Cristo crucificado, en plástico adherente.
  2. h) Promocional del grupo de rock «The Rolling Stones» consistente en una boca abierta sacando la lengua, en color rojo.
  3. i) Anuncio: «Texaco»

j)Anuncio: «Agip»

  1. k) Un gorila de pelucha
  2. l) Letrerro: «Doy abrazos»
  3. m) Zapato de bebé atado de una argolla en el techo.
  4. n) Letrero: «Pioneer»
  5. o) Aviso a los usuarios: «Se proive fumar y escupir, cuida esta unidá, es tulla».
  6. p) Otro aviso: «Los niños que ocupan asiento pagan pasage»
  7. q) Recorte de revista: mujer blanca con bikini negro.
  8. r) Advertencia: «Si no te animas para que te arrimas».

Uno recorre los adornos y letreros tantas veces que llega un momento crítico: ya no los ve. Entonces la calle y la vida que transcurren fuera de la piel metálica del pesero, el universo todo, se desvanecen, se tornan denso humo. Uno se muere de rato en rato. el campanazo de un viajante que se apea nos viene a rescatar del torbellino voraz de la nada.

Arrempujones y pechugazos   

Señora quiere bajar. Algo familiar y mecánico. Fácil. Cuestión de desencajar huesos y descoyuntarse un poco.Gimnasia olímpica. Algo se complica a la dama. Pared de carne se le interpone. La señora es gorda. Muchísimo. La señora se desespera. Gritos. Forcejeos. Súplicas. Aullidos. Señora Atrapada. La cristiandad se solidariza con la señora asfixiada. Abran cancha.Pubis contra nalgas. Pierdan la verguenza de las partes nobles. Bocas en chiches. Manos a las braguetas. Cabezazos. Ganones a meter mano. Pancheros sobres.Despiste.Dedos a los bolsillos.Carteras pasan de un dueño a otro. Piel de uno bebiendo sudor ajeno. Señora manotea.Pasa.Masa gelatinosa.Polícroma. Retorna la armonía.Se fue el breve espacio de un minuto donde los pellejos se solazaron.Hipnosis.Recuerdo de lo palpado:carne suave y gordita, como de mujer.

Fin de viaje

La existencia transcurre humeante y gris. El pesero se desempanzona. La invasora, estación del taconazo y las complacencias advierte que son las doce, la hora del Angelus. Coros seráficos entonan el Ave María. Dejamos Colón y entramos al primer cuadro de la ciudad. Los ojos lloran. Las bocas se ponen negras. Los corazones muerden su hastío. El polvo y sus galaxias traspasan la piel. Los sobacos secretan su sopa. El sueño cuartea las pupilas. El sol zapatea en la lámina del techo. Las secretarias secretean sus oficios pendientes. Otros autobuses nos alcanzan,pedorrean y rebasan. Golpes en el fierro de alguien que quiere salir. Tres fuman, no completan con la ración de viento  negro.

Visiones en la hora mágica. Un niño se aparece con un bote y un palito.Canta algo que provoca tristeza, o asco, o lástima. El señor que deseaba apearse vuelve a golpear la pared. El chofer se molesta , se siente desafiado. Finge sordera, sigue de largo. Más trancazos en el comal del techo. «Que abajan, digo». El del volante sume el pie en el penal de freno. La inercia actúa inexorable. El pasajero resbala y azota en el piso. El chofer y el prángana que va a su lado se mofan. El caído se sacude la ropa y camina hacia la salida. Extiende  la mano como quien va a pagar. El chofer se vuelve a burlar. El pasajero agarra vuelo y le cruza el rostro con un puñetazo. El Prángana reacciona tarde. El pasajero va de bajada. Le acomodan potente patada en la espalda. Acelera su descenso. Cae de bruces con la banqueta. El pesero escapa. Prángana se asoma para verificar la puntería y la eficacia del golpe. Todos volteamos. El hombre, a dos cuadras, sigue en el suelo. La soledad del sol canicular es la única ayuda a su alcance.Entendemos la lección.Nos dejamos llevar.El silencio calla.

JAQUIN HURTADO

VUELTA PROHIBIDA, TOMO I

 

Roberto Guillen

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