¿Y si los vetamos a todos? Nos deshacemos de esa horrible casta corrupta de políticos. Les invitamos a dedicar sus esfuerzos a trabajos menos dañinos.

Por ejemplo, a los diputados les dotamos de escoba y bote para limpiar las calles.

A los alcaldes, sin distinción de partido, se suben a una patrulla y se dedican a cuidar las colonias, pasando en vela la noche.

Todos sus subordinados, los secretarios y directores, les enseñamos a cortar el cabello, subir y bajar las donaciones de los empresarios en las bodegas.

Cada uno de los aspirantes a cargos de elección popular acredite más de mil horas en servicio comunitario. En el comedor de los pobres, en el tutelar para menores, incluso en las cárceles municipales dando cursos de superación personal.

Nuevo León establecería una hoja de record impecable. Sin extorsionadores de cuello blanco. Sin proxenetas de casinos y zonas de tolerancia.

Sería innecesaria la loca idea separatista de la republica del norte. Quedarían solo los más trabajadores. Los de persistencia a prueba de embutes y cañonazos de cincuenta mil.

De regreso a sus comunidades. Nuestros aeropuertos colmados y la central de camiones con corridas extraordinarias.

No se necesita mucho. Solo voluntad. Eso es el servicio público. Un evangelio del amor al prójimo no a las cuentas bancarias personales o de sus prestanombres.

Dr. Gerson Gómez Salas.

Monterrey N.L.