MAS ALLÁ DE LA MATRIX…

RODOLFO RODRIGUEZ

Cierto día, al observar a través de las deshilachadas costuras del universo, pude advertir en un efecto de eureka, que realmente no somos más que unas diminutas células manipuladas por seres de otras dimensiones que alegremente y sin remordimiento alguno, experimentan con nuestros cuerpos, emociones y frágiles almas.
Al parecer lo hacen con fines científicos y didácticos, tomando en cuenta que nos mantienen confinados en una especie de caja de cartón denominada “espacio-tiempo” en la que, adentro de ella y envasados como bacterias, nos agitan y menean con extrema violencia para provocar un caldo de cultivo ideal para estudiar nuestra reacción ante determinados estímulos endógenos y exógenos.
Y esto lo llevan acabo exitosamente al mero estilo de cualquier laboratorio que se jacte de ser medianamente serio, apiñándonos sobre un recipiente en forma de esfera denominado “planeta tierra”, el cual mantienen rotando vertiginosamente como un trompo sin parar a una velocidad centrífuga de 1,600 km/hr sobre un eje de 23.5° de inclinación. De manera simultánea y perfectamente bien coordinada, hacen que este objeto rotante y ojo, con nosotros encima, se traslade a la mounstruosa velocidad de 107,000 km/hr sobre una trayectoria elíptica que circula al rededor de un inmenso mechero llamado Sol, el cual nos mantiene en vilo al expulsar este cuerpo celeste, enormes llamaradas del tamaño de 5 planetas tierra juntos y bien apilados. Tan grande es el imponente quemador que caben en su interior 1millón 300 mil esferas de este tipo como en la que viajamos. Deduzco que esto lo hacen para someternos al vértigo, al calor y el frío en períodos de tiempo denominados solsticios y equinoccios dentro de un calendario de 365 días, para con esta mareada y cambios de temperatura, analizar nuestra resistencia, maleabilidad, vida útil y tiempo de caducidad entre otras más de sus estúpidas interrogantes. No satisfechos con estos perversos ensayos, adicionalmente nos ponen a prueba ante otras variantes exógenas en la que introducen lumbre, gravedad, velocidad, inercia, viento, agua, hielo y hasta electricidad. Para ello utilizan erupciones de volcanes, terremotos, tsunamis, huracanes, heladas, sequías, inundaciones, truenos, rayos y relámpagos.
Después sin la más mínima vergüenza, como si fueramos glóbulos rojos y blancos, nos confrontan en conflictos bélicos en los que nosotros mismos y sin ayuda externa, provocamos incendios, hambrunas, guerras, ensayos nucleares, contaminaciones y hasta extrañas pandemias como las que en la actualidad padecemos.
Pero como la creatividad de estos tipos es enorme, el cuento no para ahí. Para controlar y garantizar el buen funcionamiento de todo este proceso, inoculan a la muestra unos reactivos denominados “Dioses” que son los que provocan y revelan la presencia de otras sustancias que sirven de catalizadores para que no explote todo el cochinero antes de tiempo y así puedan estos maleantes irse a merendar mientras nos mantienen vigilados en cautiverio. Estos reactivos divinos le agregan sabor al caldo y se encargan de dividir las bacterias en grupos ideológicos para tener un control garantizado.
Hasta este punto podríamos quedar asombrados y estupefactos para reflexionar y analizar el tema acompañados por un buen amigo y una deliciosa taza de café, pero no, les tengo malas noticias, la tragicomedia aún no termina y a penas viene lo bueno.
Resulta que entre los distintos departamentos del centro de investigación en el que laboran estos galácticos bastardos, realizan concursos para ver quien diseña la bacteria más tonta, agresiva y despiadada.
Año con año nos actualizan con modas temporales en paquetes diseñados y divididos por décadas que incitan voluntades y deseos estúpidos que como consecuencia provocan la separación de las células en millones de fragmentos individuales que mueren desintegradas en el anonimato.
Hacen pruebas para ver que decisiones tomamos en el sentido de sí nos agrupamos de manera colectiva y empática para salvarnos como una colonia de bacterias inteligentes, o nos manejamos de manera individual y apática con el gen del egoísmo para hundirnos cada día más en lo que el camarada Roberto Guillen a quien recomiendo seguir en las redes sociales, bien señala como el drenaje social.
Por otro lado compiten entre ellos para ver quien diseña la célula más fuerte que resista epidemias y soporte guerras, pero también la más malvada, mezquina y sanguinaria para así extraer, del río revuelto, algún medicamento que cure algunos de sus males que en mi consideración han de estar con desesperación buscando.
Como dato adicional, toda la información obtenida de estos experimentos la consiguen a través de neurotransmisores que plantan sobre la tierra para que con nuestros insípidos pensamientos y la ayuda de la naturaleza que nos acompaña, podamos transmitir por una especie de Bluetooth las señales electromagnéticas hacia sus laboratorios. Así pues, de esta manera, hongos, idiomas, señales, frecuencias, energías y resonancias limbicas son parte del sistema de comunicación con el que los alienigenas capturan el material para la elaboración de sus diagnósticos.
Por eso, cambiando un poco de tema, resulta patético el egocentrismo de ciertos “hombres-bacteria” que ignoran que el “Yo” es solo una pieza más dentro del recurso del lenguaje que opera como represor mental. Nuestro idioma es simplemente un medio de comunicación eléctrica para generar sinapsis entre células confundidas y atrapadas en un laboratorio experimental. Algo similar a lo que el polifacético camarada, escritor e intelectual Horacio Amadeus refiere en su libro “Viviendo Más Allá del Ego” el cual recomiendo leer para absorber algo de su sabiduría.
Debemos entender que estamos gobernados y condenados simplemente para enviar información como un dispositivo barato de Radio Shack y no para lograr grandes proezas en la vida. Y si quieres que alguien te salve por la vía de la oración y el encendido de un par de veladoras, solo recuerda que tu Dios está atrapado en la misma caja de cartón en la que te encuentras tú.
Como dije anteriormente, estos individuos quizá anden buscando en nosotros alguna cura para algún mal que padezcan o quizá nos utilizan por simple y mera diversión. Pero fuese lo que fuese el problema es que el más mínimo error de cálculo, puede echar a perder el experimento o tarea escolar que estos charlatanes cósmicos realizan sin nuestro consentimiento, y de esta manera llevarnos entre las patas. Más temprano que tarde nos van a dejar como un puñado de bacterias incineradas, ahogadas, sepultadas, bombardeadas y botadas junto con todo y nuestro ego y nuestras divinas deidades en un asqueroso contenedor de basura de un barrio alejado de la zona más pobre y peligrosa de la galaxia.
Pero lo irrisorio del tema, si es que haya algo que caiga en gracia, proviene de que lo más seguro es que ellos también se encuentren dentro de otra caja de cartón donde sin saberlo, formen parte de la diversión y experimentos de otros seres superiores, quienes a su vez, también se encuentren conjuntamente atrapados con todos sus miles de universos, galaxias, Dioses y deidades dentro de una línea interminable parecida a esas lindas muñecas rusas que se van guardando una adentro de otra hasta la eternidad.
Así que antes de estresarte por comprar ropa de marca, un vehículo de alta gama o querer ser un Papa, un influencer, una monja, un millonario, pederasta, asesino, cantante, escritor o violador, recuerda que todo surge y se esfuma como una pompa de jabón. Y que por más esfuerzo que hagas, siempre estarás dentro de una eterna y frágil cajita de cartón. Por eso mejor disfruta el poco tiempo que te queda de vida junto a tus seres queridos con la mayor humildad y felicidad posible, pues al final del día no somos más que un grupo de viles bacterias apiñadas dentro de una linda, colorida e infinita Matrioshka universal.