LOS DISCURSOS EMBRIAGAN

LOS DISCURSOS EMBRIAGAN

DANIEL BUTRUILLE

El Presidente de la República habla todos los días. Habla mucho. Habla de más. Cuando invitó a su gabinete a violar la Ley y la Constitución para derogar la Reforma Educativa, sintió la necesidad de imponer la superioridad de la Justicia sobre la Ley. Sólo que se disparó en el pie. La Justicia sólo prevalece si opera en toda independencia. No cuando prevalece la impunidad. Y lo que hizo el candidato AMLO para asegurar su triunfo electoral fue ofrecer impunidad a quienes no dejó de calificar como “mafia del poder”. En su discurso de Acapulco, ofreció perdón ya que según el nuevo apóstol, no le interesa la venganza, sino solamente la Justicia. El Presidente califica de hipócritas a los “conservadores”. Él es el principal hipócrita al no perseguir a los corruptos. Ya pactó con ellos. Su combate a la corrupción es un juego perverso, del cual se libraron, Enrique Peña Nieto, Felipe Calderón y Vicente Fox, sin hablar de los Videgaray de turno y los secuaces de los gobiernos anteriores. Los discursos embriagan. Sólo los actos y los resultados edifican. Frente a la violencia, pide seis meses. ¿Cuántos años pide frente a una corrupción de la cual él es un legado que no podrá negar, a pesar de sus disfraces de santurrón? México requiere congruencia para avalar un nuevo régimen. ¿Dónde está la congruencia de la cuarta transformación? butruilled@hotmail.com

Roberto Guillen

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