FASCINACION POR MARIA MAGDALENA

FASCINACION POR MARIA MAGDALENA

Por: Susana Valdés Levy.

Muchos han seguido con entusiasmo la serie de María Magdalena. Creyentes y no creyentes siguen paso a paso aquello que es más leyenda que historia. Para fines informativos, he de decir que María Magdalena es mencionada tan solo cuatro veces en el Evangelio. Es decir, en presencia bíblica, no es tan reelevante, pero religiosamente, resulta muy respresentativa. Dan Brown ofrece en el Código Da Vinci una visión muy controversial de esta mujer: la amante de Jesús, que llega embarazada a Provence, un poblado junto al mar, en el sur de Francia y de ahí hay una descendencia divina oculta entre nosotros. Andrew Loyd Webber la exsalta en «Jesuschrist Superstar», como la mujer que sufre tratando de diferenciar el amor carnal del espiritual con la canción «I don’t know how to love Him». María Magdalena ha inspirado a muchos artistas durante siglos. La gran doliente, la plañidera por excelencia, la eterna arrepentida, la que lava pies con lágrimas y los seca con su cabello en señal de humilde contrición. Fue el Papa Gregorio III, seguramente un misógino redomado, quién etiquetó a la Magdalena como una prostituta y aprovecho el simbolismo para satanizar y reprimir la sexualidad femenina. No fue hasta ya bien entrado el siglo XXI que el Papa Benedicto XVI redimió l imagen pública de la Magdalena y la declaró “apóstol entre los apóstoles”, entendiendo con esto que de entre los seguidores de Jesús ella fue quizás la más cercana y la más fiel. Tanto así que hay quienes le consideran “el 13avo apóstol”. Aunque aún en nuestros tiempos, la jerarquía eclesiástica esencialmente machista y misógina, se resiste a asumir dicho concepto., aun y cuando los más doctos de la Iglesia, lo reconocen sin titubear.
Sin embargo, a más de dos mil años de distancia y con tanto manoseo histórico, la fantasía sexual en torno a la figura, y los delirios de la imaginación, lo que nos queda de estas figuras cristianas arcaica como la de Magdalena, no es más que lo que simbolizan. Es decir, se vuelven iconos que contienen una semiótica religiosa que cumple con una función cultural. Y La Magdalena es un arquetipo la vapuleada por la vida, la pecadora, la prostituta, la arrepentida, la que llora incesantemente, la que vive su amarga soledad, la que siguió sus pasiones…ella y nadie mejor que ella representa a la humanidad que no acaba de creerse digna de ese amor de Dios que siente inmerecido. Si Pedro es la roca, Magdalena es la humanidad en sí misma, con sus flaquezas y sus fortalezas, con sus dilemas, su reputación manchada, su dignidad quebrada, su amor herido, con sus tropiezos, sus pecados, sus errores, y sin embargo su auténtica entrega incondicional a la perpetuación de sus creencias y su devoción. María Magdalena somos nosotros, los humanos, los simples mortales, los pecadores, los prostituídos, los que sufren, los que lloran, los humillados, los arrepentidos, los redimidos, los perdonados, los malentendidos.
La figura simbólica de María Magdalena ha cobrado especial fuerza en los últimos años, el público ha despertado un importante interés en conocer la historia-leyenda encarnada en esta singular mujer, que según explican los expertos, tiene una historia que entreteje las vidas de muchas mujeres de su tiempo: como María Salomé, María de Egipto. Es María Magdalena, la pecadora, la antítesis de la Virgen María, la inmaculada; es Magdalena el contraste, es la sombra, es la humanidad en su máxima expresión con toda su vulnerabilidad. Seas hombre o mujer, la Magdalena que llora desconsolada a los pies de Jesus, de uno u otro modo eres tú; por eso intriga, por eso fascina. Porque todos los santos tienen un pasado y todos los pecadores tienen un futuro.
Claro, esta es solo una opinión personal. Se aceptan debates.

Roberto Guillen

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