EL VENDEDOR DE SILENCIO

EL VENDEDOR DE SILENCIO

ROBERTO GUILLEN

Qué delicia volver a leer a Enrique Serna, un artífice de la Narrativa que ya lo habíamos gozado con el el Seductor de la Patria, y con El miedo a los animales. A parte de gozar una delicatessen prosa en la revista Letras Libres.Pero pasaba el tiempo y no sabíamos más de su obra literaria.Que las figuras venerables de las Letras ya son cosa de la arqueología, del pícale al google y desentierra su biografía.Del formol institucionalezco para incubarlos en una “cátedra” o para exhibir su cabecita como un trofeo, tal como lo hace Lord Padilla, el capo de la UDG y dueño de la FIL Guadalajara. El caso es que en esta inusitada cuarentena del globo-en-tapabocas, Enrique Serna nos ha provocado envidiar y maldecir la suerte y el destino de Carlos Denegri , El Vendedor de Silencio, una novela de la vida real que te atrapa y te hechiza con los días de montaña alcohólica rusa en que se balanceó la existencia de un “golfo profesional”, que desafía “la usura sentimental de las mujeres”…y termina con un plomazo en la cabeza.
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Carlos Denegri, el periodista estrella del Excelsior, que va por la vida con un desprecio aristocrático por la nor-ma-li-dad.Cobijado por el parachute de la impunidad, se da el lujo de jugar a la matatena con el sentido común.El oportuno trapecista que retaca sus alforjas cuando los «revolucionarios» cambiaron las carretas por los mercedez benz. La pluma, la pistola y el falo como apendículos de un truculento más allá.El periplo de un Don Juan cuyo epitafio nos revela Enrique Serna: Todas las mujeres ocultan una daga en el liguero…
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El Vendedor de Silencio es algo así como el espejo enterrado del por qué le llaman chayoteros a un López Doriga, a un Enrique Krauze,a un Loret de Mola, a un Ricardo Alemán, a un Héctor de Mauleón, a un Ciro Gómez Leyva, a un Oscar Mario Beteta, a un Riva Palacio, a un Pablo Hiriart, a un(a)…
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«Para los negociantes el mundo es un fardo o una mesa de billetes en circulación; para la mayoría de los jóvenes es una mujer; para algunas mujeres es un hombre; para ciertos espíritus es un salón, una camarilla, un barrio,una ciudad;para Don Juan, el universo era él. Modelo de gracia y belleza, con un espíritu seductor, amarró su barca en todas las orillas; pero,haciéndose llevar , solo iba allí a donde quería ser llevado . Cuanto más vivió, más dudó.Examinando a los hombres , adivinó con frecuencia que el valor era temeridad;la prudencia, cobardía; la generosidad, finura;la justicia, un crimen;la delicadeza, una necedad; la honestidad, organización; y, gracias a una fatalidad singular se dio cuenta que las gentes honestas,delicadas, justas, generosas,prudentes y valerosas,. no obtenían ninguna consideración entre los hombres . ¡Que broma tan absurda! – se dijo- No procede de un dios.
EL ELIXIR DE LARGA VIDA
BALZAC
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Con unos tragos de whisky en las rocas un gatillero del sistema devora “las ilusiones perdidas” al ritmo de Glen Miller. Oh Balzac, que dijera tu Luciano de Rubempré de nuestro Don Juan mexicano. Oh, Balzac no conociste al poliglota de las hormonas disparatadas, pero bien que definiste su oficio: Un periodista es un comerciante de frases.
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El Vendedor de Silencio es algo así como el espejo enterrado del por qué Mr Junco, el dueño del Reforma, se niega con todas sus cuchareadas encuestas y mentirosas fake news a dejar de mamar los contratos millonarios que también maman las sanguijuelas del Universal, el Financiero y demás garrapatas que hoy lagrimean por el desdoro infligido…
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«Tomó el alma y la materia, las arrojó a un crisol, no encontrando nada, y desde entonces se convirtió en DON JUAN, Dueño de las ilusiones de la vida, se lanzó, joven hermoso, a la vida, despreciando al mundo,pero apoderándose del mundo. Su felicidad no podía ser una felicidad burguesa, que se alimenta con un caldo diario, con un agradable calentador de invierno, una lámpara de noche y unas pantunflas, nuevas cada trimestre. No; se asió a la existencia como un mono que coge una nuez y, sin entretenerse largo tiempo, despoja sabiamente las envolturas del fruto, para degustar la sabrosa pulpa…pero prefería sentarse y secar bajo sus besos mas de un labio de mujer joven,fresca y perfumada, porque, al igual que la Muerte, allí donde pasaba devoraba todo sin pudor,queriendo un amor posesivo, un amor oriental de placeres largos y fáciles. Amando sólo a la mujer en las mujeres, hizo de ironía un cariz natural de su alma…pero decía YO cuando su amante loca, extasiada, decía NOSOTROS. Había burla en su simpleza y risa en sus lágrimas, pues siempre supo llorar como una mujer cuando le dice a su marido: dame un séquito o me moriré enferma del pecho». BALZAC

Roberto Guillen

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