EL PUEBLO RESPALDA LA LUCHA CONTRA LOS HUACHICOLEROS

EL PUEBLO RESPALDA LA LUCHA CONTRA LOS HUACHICOLEROS

RAÚL A. RUBIO CANO

Ayer la periodista Adriana Flores, quien trabajara varios años para Tele Sur, en Caracas, Venezuela, nos informó en su muro de Facebook sobre el caso de Venezuela y México en esta cuestión que hoy vivimos sobre las dificultades para el abasto de combustibles. Dice Flores: “Ambos casos se parecen en los efectos inmediatos: la escasez de combustible que impacta en diversos sectores económicos (como la del abasto de alimentos al menudeo, cuyos vendedores ya reportaron una baja en sus ventas debido a que los compradores tardan más tiempo en acudir a los establecimientos por falta de gasolina o la baja de ingresos de taxistas, choferes de transporte público y despachadores de estaciones de servicio que ven una merma en sus ingresos. Las organizaciones empresariales también advirtieron sobre el impacto que tendrá esta medida en el Producto Interno Bruto del país).Y se parecen, también, en la esencia de la acción: golpear una estructura de poder. Pero es justo ahí donde nace el ramal de las diferencias”. Agrega: “La primera, es el objetivo directo: En el caso venezolano, el sabotaje fue una medida de presión contra el presidente Hugo Chávez, luego de que la Asamblea Nacional de mayoría chavista le aprobó leyes habilitantes. En el mexicano, el cierre de ductos fue para combatir a la mafia detrás del huachicoleo (contrabando de combustible) que generaba pérdidas por más de 3 mil 300 millones de dólares al año. La otra diferencia son los autores: en Venezuela, el paro fue convocado desde la organización empresarial Federación de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción de Venezuela (Fedecámaras), partidos de oposición y grupos civiles como Súmate (con financiamiento de la estadounidense National Endowment for Democracy). En el mexicano, la estrategia fue dirigida desde la cúspide del Poder Ejecutivo, por el presidente Andrés Manuel López Obrador. La otra diferencia es la meta a largo plazo: en Caracas, el propósito era lograr la salida a través de métodos no democráticos del presidente Chávez, para cambiar el modelo económico y político que estaba siguiendo el país bajo su gestión; en México, el objetivo es limpiar de corrupción a Petróleos Mexicanos (Pemex), donde se han identificado 12 mil sitios de extracción de ductos y el robo de 787 pipas de combustible al día. El método es distinto: en Venezuela, la directiva de PDVSA ordenó la suspensión de todas las actividades de la empresa; en México, el gobierno ordenó el cierre de válvulas en 4 de 13 oleoductos y el despliegue de más de 4 mil soldados y marinos para vigilar el operativo. Distinta también es la narrativa: en Venezuela, los organizadores le llamaron ‘Paro Cívico Nacional’ aunque la acción no fue convocada por trabajadores exigiendo mejoras laborales y no se dio a conocer ningún pliego petitorio necesario para oficializar una huelga; en México, el gobierno le llama ‘sabotaje’ aunque este término no ha tenido tan amplia difusión como la de ‘desabasto’”. Definitivamente, mientras que en Venezuela la gente era obligada a participar en ese “paro” de la Derecha imperialista; en México, la solidaridad con AMLO -nacional e internacional-, contra el Huachicol, ha sido evidente ¡Órale! raurubio@gmail.com

CHAVA PORTILLO

La inseguridad y la violencia son factores universales perenes, ancestrales y eternos, sin embargo no los digerimos e intentamos encontrar soluciones mágicas cerrando la mirada cuando deberíamos entender que forman parte de la evolución y crecimiento de la hidra social. Queremos sobrevivir en una comuna con todas las facilidades y ventajas de la modernidad pero añoramos sacar las mecedoras a la banqueta como si viviéramos en el ejido. Algunos medios que entienden que lo que vende es la sangre y el sexo realizan monitoreo y publican los excesos en actos de violencia y no imprimen la gráfica del decapitado o la hemorragia de la violada porque las nuevas normas y reglamentos lo impiden, pero esa fue la doctrina de Alarma, Alerta y Policía,  publicaciones populares de los cincuentas que basaron su éxito en Las Poquianchis, unas tratadoras de blancas, pobres infantes indígenas que prostituían y después  sacrificaban o emparedaban. “Popocha” el policía, fue la estrella de la tira cómica del sangriento periódico por décadas y las mujeres con poca ropa y adiposa entrepierna eran la delicia de la raza pobre que era el mejor cliente que solía fumar Delicados, Argentinos o Faros y bebían Ron Huasteco Potosí el del perico. A Nuevo León y su Secretaría de Seguridad Pública aterrizó Aldo Fásci, viejo conocido que sabe un rato largo del tema de policías y ladrones pero sobre todo presume ser ave de tempestades por su enigmática y extrovertida carrera. Habla de más y si no hay problema lo busca con denuedo hasta que aparece, lo resuelve y crea otro. Dice el italiano que recibió los bártulos de mando en la Secretaría de los cachuchones con desorden e indisciplina sobre todo en lo administrativo, pero lo más importante es que no contaba con el poder completo, porque gente supuestamente ligada a los amigos de Jaime Heliodoro gobernador eran los que contrataban, aumentaban sueldos, despedían o justificaban indiferencias, indisciplinas y corruptelas. Dijo que renunciaba, que siempre no, a lo mejor quién sabe, que metería a la cárcel a canallas y deshonestos, pero la fiesta estaba bonita hasta que el jefe mayor le dio un estate quieto y lo puso a trabajar haciendo lo que sabe: planear y ejecutar programas que traerán como resultados más y mejor seguridad. No se van a terminar los asaltos a los bancos, tampoco creo, la violencia familiar o los homicidios culposos, a lo que podemos aspirar es intentar regresar a los tiempos donde se respiren mejores escenarios y al menos cuidarnos de los maleantes y no de los policías. El único pecado cometido por Aldo además de padecer diarrea verbal, es haber declarado mucho y muchas veces cuando no estaba Manuel González al frente del changarro y eso como dijeran los que saben, es pecado mortal, pero creo, ya pagó su penitencia. minutochavaportillo@gmail.com

Roberto Guillen

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