EL HEREDERO IMPOSTADO

EL HEREDERO IMPOSTADO

A todos sus subordinados les ha prometido el ingreso a la tierra prometida. Jura y perjura ser el favorito de su jefe. En pocas palabras, continuar con el proyecto independiente de gobierno para Nuevo León.

Manuel González, nacido en Sabinas y emigrado a Monterrey, entona el canto de las sirenas. Se asume heredero del poder. Sin contrincante alguno.

Menosprecia a Waldo Fernández por arribista y a Aldo Fasci por acomodaticio factico.

El aún Secretario de Gobierno saca el pecho a cada uno de los embates de los medios contra su jefe. En cada andanada, justifica los cañonazos de a millón, hasta volverse intocable.

Manuel González trata de volver invisible su pasado reciente como priista. Donde aprendió mucho de la alquimia para mover las bases sociales en los distritos pobres del área metropolitana.

En cada una de las reuniones en el salón rojo del Palacio de Gobierno se sienta en la cabecera, donde debería estar su jefe. Gira instrucciones y no admite dilatación para sus disposiciones.

Los actos de rebelión los castiga con severidad. Con puño de acero. De férrea convicción. Salvo a Manuel González se le olvida la ley de las formas como fondo. Y las relaciones públicas se tejen en las altas esferas. Con el grupo de los 10, no con los consorcios de transportistas. Sino con quienes verdaderamente dirigen el estado. Con quienes jamás ha logrado hacer empatía. Quienes lo continúan viendo como un heredero impostado: inculto y charro.

Dr. Gerson Gómez Salas.

Monterrey N.L.

Roberto Guillen

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