ALLA EN EL RANCHO CELESTE…

ALLA EN EL RANCHO CELESTE…

POR JOAQUIN HURTADO

La fuerza de un pañuelo verde atado a mi cuello provocó una reacción furiosa de creyentes de la ola celeste. En la concentración contra el aborto yo hacía mi trabajo de observador participante, registraba todo lo que podía con mi libreta y mis sentidos. Muchos polis de fuerza civil me encapsularon y me invitaron a retirarme: «Vete con tu gente, allá con el grupo de homosexuales de Mario Rodríguez Platas». Les respondí un no rotundo, yo vine en plan de cronista, no le hago mal a nadie, no me moveré más que a donde me dé la gana. Un gendarme trato de tomarme del brazo y llevarme a la fuerza. No me toques, le dije. Levanté mis dos brazos y les grité a los polis ¡órale deténganme, enciérrenme, pero no me van a impedir que escriba lo que estoy viendo! Los uniformados se tranquilizaron, dieron la media vuelta y me dejaron en paz. Un cadete hizo lo mismo con mi mujer Rosy, ella sí se dejó conducir por el agente porque también la rodeó una turba de católicos coléricos que no soportaban su pañuelo verde. Rosy le dijo al policía: qué buenas manotas tienes, oficial, llévame a donde quieras. El se rió y la custodió hasta el punto donde se concentraban los gays y las feministas de la ola verde.

Roberto Guillen

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