UNA BREVE REFLEXION SOBRE PERIODISMO

ALFONSO TEJA CUNNINGHAM

MUY ESTIMADOS AMIGAS Y AMIGOS… COMPAÑEROS TODOS
Sin retruécanos ni palabrejas de moda, como decir “TODES”, – junto con mi total agradecimiento por esta oportunidad -, quiero decirles que no es el lenguaje el que excluye. Somos nosotros.
Y si me acompañan por cinco minutos, para este servidor un honor sería compartir con ustedes, una breve reflexión sobre periodismo, manipulación del lenguaje dominante y sobre ese futuro inmediato y nebuloso, donde los de adelante saben mucho y los de atrás sólo aplaudirán, en el mejor de los casos.
Les invito a observar, ahora, la facilidad con que el retruécano se asoma.
El mejor caso no es el de los que aplauden, sino de quienes van adelante y que normalmente, también van arriba. Pero sucede que aplaudir no es el problema. Tampoco lo es ir adelante ni, mucho menos, estar arriba.
El conflicto es que al dar por válido tal planteamiento permanecemos dentro de la gran trampa epistemológica, como el perro que se muerde la cola… lo que puede explicarse sin complicación si aprendemos la historia de nuestras sociedades y la manera en que los procesos de intercambio de información -conservados durante siglos en una dimensión humana de cantidad y velocidad -, se mantuvieron dentro de esa dimensión hasta que, en el siglo 19, la irrupción del vapor y luego de la electricidad, propiciaron un nuevo tiempo social hasta entonces desconocido.
Sin embargo, desde la antigüedad los dados estuvieron siempre cargados y rodaron en pro del poderoso: el patrono del juego y dueño de la mesa, el mecenas del inventor y propietario de todas las artes. Siempre la figura del SEÑOR, ninguno de los cielos, no; sino el terrateniente, el cacique, el amo.
Y a partir de entonces – el siglo 19 -, los medios de comunicación social a fuerza de cantidad y de velocidad, fueron formando y deformando -poco a poco -, un modelo de comunicación (poner en común) en el que ellos fueron estableciendo su propia agenda, en la que no siempre con sutileza impusieron el cómo, pero sobre todo, en qué debemos pensar. Y, a la larga, colocaron tan bien su producto que incluso lograron hacernos pagar la suscripción al servicio y dejar a la libertad de prensa como derecho de las minorías ilustradas.
Estas condiciones hoy están cambiando. Si antes, la libertad de prensa dependía de poder poseer una, ahora tenemos una suerte de multiplicación digital de medios y proliferan los editores y fotógrafos de celular, al igual que bloggers e influencers, por supuesto con espectro muy amplio en cuanto a calidad y compromiso social.
No obstante, aparece aquí el argumento central, que es exactamente así: a base de cantidad y velocidad, el poder hegemónico -que siempre llevó mano -, logró voltear la tortilla.
En el nuevo tiempo público que ya está encima de nosotros, mientras la comunicación corporativa cada vez se concentra en menos manos globales, según el modelo capitalista que ellos promueven, la educación, la publicidad, el entretenimiento y, en general el modelo consumista que impulsa las supuestas bondades de un mercado supremo, han llegado a hacernos creer, como mero ejemplo, que la criminalidad está mejor organizada que los sectores democráticos de la sociedad.
Cualquier excusa o argumento sirve para engañarnos con la estratagema del individualismo hedonista. Y ello funciona, sobre todo en el corto plazo, porque la comunicación, entendida como el valor de poner en común las cosas, las ideas, los anhelos e intereses comunitarios, nos ha sido secuestrada.
La Comunicología se pone al servicio del poder mientras el pueblo, ya no en el mejor de los casos, se limita a aplaudir. La meta ha sido alcanzada y el objetivo logrado. Nos han hecho creer que, aún entre los mismos gremios, los enemigos siempre están cerca; más de lo pensable o deseable.
La mejor forma de enjaular a todo ser vivo es evitar que aprenda a caminar y desenvolverse por sí mismo fuera de su entorno (o espacio). La jaula mediática funciona así, casi perfectamente.
Y la mejor respuesta es nuestra capacidad para superar tales condicionamientos tan arraigados por la hegemonía y las costumbres del pasado. Este es el llamado. Comunicarnos con verdad y honestidad, en contexto de pluralidad.
Enfrentamos el poder de mentes perversas. Y lo más grave no es ese enorme poder que se adueña de la conciencia colectiva. Aún más grave es la perversión que corrompe la raíz sagrada de nuestros valores: identidad, ideales y aspiraciones compartidas en una sociedad sana, más libre y realmente solidaria.
El periodismo de verdad, en todas sus variantes, ha de crecer y desarrollarse en estos campos colectivos; porque de otra manera, seguirá dando la razón a Balzac, genial autor que desde el corazón del siglo 19, afirmó: “Detesto al periodismo que come por la mañana lo que ha matado durante la noche”… Sea pues. ¡Acortemos esta noche oscura!
( Palabras de ATC al recibir el Reconocimiento de la Liga de Periodistas Carlos Monsiváis, en Monterrey, N. L. )