EL SANTUARIO DE LAS CITAS

EL SANTUARIO DE LAS CITAS

CARLOS MONSIVAIS
Dar vuelta a la esquina,rondar la esquina,asegurar como en la canción: “El amor está a la vuelta de la esquina” (Love is just around the corner). En pueblos y ciudades, la esquina lo ha sido todo y sin recompensas mitológicas, es un santuario de encuentros y esperas interminables, la oportunidad del espectáculo único, la conversión de la geometría en el espacio de confianzas y desconfianzas. La esquina certifica lo previsible, y origina lo inconcebible.

¿Qué es una esquina en la gran urbe? Función del trazo urbano,lugar común de la memoria visual, dispositivo geométrico que todo lo calcula menos el azar. Inopinadamente, en una esquina brota la “serendipity”, el hallazgo afortunado que hace evocar los placeres de la perspectiva, afinados por los matices y las tonalidades de la luz, y esto, sin remedio, no se planea o delibera, depende de los entrenamientos de la mirada, de los dispositivos emocionales, de los usos estéticos y/o burocráticos que cada cual concede a sus percepciones.
La esquina es naturalmente urbana, equivalente de los árboles o de las rocas o los montículos o los parajes. Y así como en la naturaleza, según los presocráticos, nadie mete dos veces la mano en el mismo rio, nadie contempla de manera igual una esquina en dos ocasiones.Algo interviene siempre; la hora de la tarde o de la noche, la carga de ilusiones personales, los demasiados automóviles, las multitudes que la oscuridad diluye, el ánimo esporádico de extraer belleza de los sitios donde solo se admite la indiferencia.
La esquina es móvil e inmóvil, es una tesis y es su antítesis, es sociológica, ciencia de las masas, templo del rencor de los solitarios, metafísica urbana. La esquina es su propia tradición y sus renovaciones.Y esto nadie aparenta saberlo, porque, sin obligación moral de por medio nadie la contempla por diez o doce horas seguidas. ¿Qué caso tendría? Si alguien, por razones de trabajo, la tiene enfrente, muy pronto no la advierte, no tiene caso, la esquina no se va a mover. Alguna vez, en el film “Empire”, Andy Warhol emplazó unas cámaras que a lo largo de 24 horas registraron los acontecimientos a la entrada del Empire State, lo que fue de la desolación de la madrugada al desierto de la medianoche. Por su puesto, no se vio de Empire algo más que media hora o una hora a lo sumo. La propuesta excluía tal posibilidad. Nadie, desde luego, emprendería a propósito de las esquinas algo semejante, una esquina – es la creencia urbana- no es ni puede ser institución ni un monumento.
No tan de vez en cuando, la realidad desmiente una afirmación tan tajante. Para empezar, una esquina en momentos culminantes es una institución de las citas o un monumento a la paciencia.
Pero eso no es lo más trascendente. Algunas esquinas distan de ser inmóviles y, sin que sus líneas se modifiquen, la fuerza del entorno flexibiliza la percepción. Un ejemplo: las esquinas de Broadway y la calle 42 conservan los candores y los júbilos del descubrimiento de “la Babel de Hierro”; otra prueba: una esquina en la Isla San Luis de París o en las zonas londinenses de Bloomsbury se atiene a las tradiciones de la serenidad para que la sigan tomando en cuenta
En los barrios a la antigua, de tiendas que ocupan un sitio chamánico porque allí se congregan las buenas y malas vibraciones de la curiosidad, de clientes que compran víveres o licores como si pagaran la mensualidad de un club, las esquinas arman la estrategia de la continuidad. A las doce del día o a las seis de la tarde, los vecinos se reúnen como en una novela del siglo XIX o como una película de 1945, y comentan y observan a la joven que recien dio vuelta a la esquina, y unos segundos después, como si la esquina fuese el cierre de rejas de la crujía o el depósito de las cenizas, como si la esquina fuese la autorización de la biografía de la recien ausente, el coro que fue reunión de vecinos divulga los milagros de la paseante, sus amores y frustraciones, su vida familiar; sus adulterios(si no los tiene, que se apresure a tenerlos). En el local de la esquina el secreto, cualquier secreto,se extingue, mientras la comunidad imaginada se defiende del crecimiento urbano a través de las biografías de los vecinos.
Junto al poste, que resulta ser el presidium del ágora instantánea, el grupo juvenil delibera. La esquina es algo más que su sitio de reunión, es su marca territorial, es su hábitat, que otorgan lo que jamás proporcionan las casas, los departamentos, las conversaciones a media calle, lo que concentra la energía, el habla sexual, el principio de los asomos de la fiesta o el proyecto delictivo. ¡Ah, la esquina de las colonias populares! Un joven al reunirse con los suyos se siente integrado a la vida urbana, y de allí parte a cualquier lado, una esquina es el falso y verdadero laberinto cuyo centro se halla en el regreso a la esquina.
Con la tenacidad que sólo alimenta la destrucción de las tradiciones, la esquina desaparece y vuelve convertida en la confederación de esquinas . A la geometría la trastorna la tensión de los rascacielos, y a la esquina se le encomienda otra tarea: ser el nuevo gran trámite de la mirada que se extiende e incorpora a su campo visual a otros edificios, que devoran a los más pequeños y aceptan ser minimizados por las pretensiones del edificio más alto. Cuando desaparece la esquina tradicional, la urbe se recompone hacia arriba, la Torre de Babel se detiene sobre una esquina, las sombras conspiran y se mueven con diligencia para revelar la existencia de un gran proyecto del siglo XXI, la metamorfosis de las esquinas.
Una esquina puede ser un hoyo negro de la fantasía, un lugar ya escudriñado por Philip K. Dick o Arthur C. Clarke, donde todas las líneas se dirigen al infinito mientras la persona que rumbo a la esquina se extravía para siempre, porque no hay donde dar la vuelta. Esto sucede en todos los sitios populosos del comercio latinoamericano, en México, D.F.,San Pablo,Lima, Caracas, San Salvador, donde convertidas en mall, ocupadas milímetro a milímetro, las esquinas desaparecen. ¡Ah, los secretos de las megalópolis que extraen del centro comercial su verdad última de centro ceremonial!
Brasilia. Allí las esquinas, como en un falso sueño de un falso De Chirico, se distancian y pierden sentido. ¿Alguien podría crear en Brasilia un laberinto clásico, un juego de apariciones y desapariciones? Desde el principio se condenó a Brasilia a la monomanía arquitectónica porque no se le dio a las esquinas la oportunidad de confabularse a favor y encontra de los paseantes, porque se les ignoró en pos de la gratitud de los edificios, o alguna otra metáfora de lo imposible. Se sabe: si no contiene su propia negación el ordenamiento de una ciudad termina por anularla. En la ciudad de Niemayer, a la esquina se le impidió el derecho de sorprender, esto se paga con desolación de las aceras.
En esta esquina…El paseante que en verdad lo es se fija también en las esquinas, las colecciona y las selecciona…no desaprovecha oportunidad de revisar el caudal de imágenes que emiten. Y va hacia sus sitios predilectos con la seguridad que en el camino una esquina distraerá su atención y le procura la felicidad urbana por excelencia, el asombro de todo lo que contiene y atesora la vuelta de la esquina.

TOMADO DEL IMPRESO «FORUM 2004»
BARCELONA

Roberto Guillen

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