EL CONARTE DEL FUTURO FUE AYER

EL CONARTE DEL FUTURO FUE AYER

JOAQUIN HURTADO PEREZ

Para Rodrigo Guajardo

1 El dinero hace falta para casi todo. Un boleto de avión por ejemplo. En los años 90 un grupo de gays seropositivos de Monterrey se resistía a dejarse morir sin ofrecer resistencia, sin dar la pelea, sin atravesar su cuerpo debilitado por el síndrome. Tenían necesidad de casi todo. Sus vidas habían sido devastadas por la enfermedad física pero también la social. Sufrían el doble estigma por su orientación sexual y la infección. La comunidad estaba aterrada. Los rechazaba. La familia estaba asustada. Los excluía. Lo mismo los centros de estudios, laborales y hasta hospitalarios. El caldo de horror o indiferencia estaba sobre la mesa. No había más que de una sola sopa: el silencio. Su sabor era amargo, intragable, tóxico. La ciudad más próxima para romper la maldición silenciosa, la negación sistemática sobre los modos de transmisión y las estrategias de prevención, etc., ese centro urbano para buscar y recibir apoyo en este trance era el DF. País centralista, ni modo. El Conarte de aquella época, mucho menos burocratizado, más democrático y horizontal, nunca dudó en apoyar los esfuerzos para atraer esos urgentes soportes a NL. Fuimos a talleres informativos especializados, conseguimos medicamentos escasos, obtuvimos miles de condones, contactamos con activistas ( muchos de ellos hoy presentes en mi pagina de FB), intelectuales, artistas de la capital y de todo el país vinieron a Monterrey gracias a aquel compromiso y a la confianza de los directivos de Conarte para invertir un poco de aquellos recursos orientados a la creación de artistas y nuevos públicos en los segregados grupos de maricones y familiares afectados. Creamos revistas sobre el tema, organizamos conciertos, exposiciones de pintura, homenajes, mesas de debate, funciones de teatro, danza y cine. El gigante temeroso que era Monterrey se fue familiarizando con el tema. Hasta que el sida se convirtió en un tema presente en las mesas de los hogares, en las oficinas gubernamentales, en medios de comunicación, direcciones escolares y personal de hospitales. La palabra discriminación se relegó al basurero de las malas palabras. La homofobia perdió terreno. La diversidad sexoerótica ganó la calle. Hoy el matrimonio igualitario es una realidad. Existe una clínica especial para estos enfermos. La semillas sembradas en colaboración entre sociedad civil, gremios artísticos y autoridades del Consejo para la Cultura de NL ha fructificado para el bienestar general. Este Conarte de ayer está vivo hoy en los chicos muy jóvenes que se acercan a mí y exclaman «¡yo rompí el closet de mi homosexualidad gracias a que leí tu libro Laredo song!». Un libro con temas controversiales sobre estos asuntos, libro que no hubiera sido posible sin la participación de Conarte en el campo editorial.

Continuará…

Roberto Guillen

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