ANATOMIAS DE LA FARSA

ROBERTO GUILLEN
@Periodistta

Entre los “gritos y susurros” de un Ingmar Bergman y la música de Erik Satie, descubrí el sistema óseo de la civilización: “Todo esto es una sarta de mentiras”.
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Guess, OXXO, Nike, Converse, Telcel, Tommy Hilfiger, Louis Vuitton, Mango, Hermenegildo Zegna, Zara, Giorgio Armani, Sanborns, Philips, Telcel, Panasonic, Acer, HSBC, Sony, Lg, WalMart, Nokia, Coca Cola, Starbucks, Toyota, Exxon, City Group, Prada y demás: todas ellas, gavilanas putativas del plusproducto .
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Del “guionista” de La Jornada, León García Soler, les presento el Trailer discursivo de la muerte de Arturo Beltrán Leyva (léase, historia gringa de un montaje difunto en el teatro de la barbarie civilizada):
Los sicarios dispararon armas de alto poder y lanzaron granadas contra los que transportaron a los elementos de la Marina Armada: más de media docena de muertos y unos cuantos detenidos en el aparatoso operativo en el que murió el capo objetivo del accionar militar, sin obsequio de orden de aprehensión, sin órdenes de cateo… abierta la caja de pandora mediática, las primeras planas del amarillismo desplegaron imágenes del capo sinaloense muerto por las fuerzas armadas. Y la vergüenza enrojeció el rostro de los mexicanos. El agravio es al imperio de la ley. El estado de derecho no es un estado de ánimo. Policías y Ministerio Público se ocultaron bajo polvorientos archivos; los jueces que debieron ordenar los cateos y las aprehensiones de los indiciados nada hicieron, nada harán, nada, nada.
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Escuchando la insipidez urbana de un colombiano y una alemana, en el café Madoka de Guadalajara, comprendí lo que Isaiah Berlin denomina la libertad negativa. Porque hasta en la tierra de don Robert Smith se ha declarado fashion llevar en la frente el tatoo del whatever…
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Lo que me gusta de Gabriel Zaid es el toque práctico que le imprime a los acontecimientos de la vida, como lo es el mundo de los economistas. A continuación, algunas expresiones, aparecidas en su artículo, publicado el 27 de diciembre en el periódico El Norte:
No hay economista más peligroso que el purista teórico, sin experiencia práctica ni comprensión instintiva del mundo real . (The Economist, 5 de junio de 1993.)
Hay que estudiar economía para cuidarse de los economistas. (Joan Robinson.)
Y éste es el tono de Zaid:
Esta autocrítica gremial no se ha visto en México, con la excepción notable de Edmundo Flores. Siendo economista se atrevió a decir que la economía mexicana había funcionado bien hasta que llegaron los economistas. Tenía razón. El crecimiento económico más estable y prolongado del siglo 20 estuvo a cargo de un abogado: Antonio Ortiz Mena.
Pero ni los economistas posgraduados en Inglaterra (que llegaron despreciando a Ortiz Mena y anunciando que lo superarían) ni los posgraduados en los Estados Unidos (que llegaron despreciando a los de Inglaterra y anunciando el retorno al (“desarrollo estabilizador”) han aceptado su fracaso profesional y su contribución a los desastres de la economía mexicana. El milagro económico mexicano lo construyeron los abogados y lo destruyeron los economistas.
Pero también me hubiera gustado encontrar ese tono de calculadora subversiva que todo argentino lleva en su historia. Que cuando van al mercado y a comprar cualquier lavativa, no se callan cuando el precio simplemente no va con sus matemáticas. Como aquella historia contra la Shell que tuvo que bajar sus pretensiones de colonialista, luego de que el mismo Kirschner recomendó a la patria de Maradona que nomás no le compraran ni una gota de gasofia. Imagínese usted a don Gabriel Zaid comentando las protestas de Nacho Zapata, cuando nos fuimos a hacerla de tos hasta la misma puerta de la gasera gachupina.
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Vagabundeando por la televisión encontré el vacío de Lipovetsky en los dientes del Pepillo Origel; que por libre asociación me llevaron al cuasi-peluquín de don Rodrigo Medina. Por ese riguroso apartado que divide el peinado del Golden Boy, orondo caminaba el vacío lipovetskiano. La sonrisa colgate y los dinosaurios brindaron con lipstick. Agarraditos del meñique decidieron acuchillar al verbo expresar. Ergo, la nota roja está de huila.
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Durante su tiempo de corruptelas, “El Maderito”, el alcalde más corrupto en toda la historia de Monterrey, se daba la vuelta por la librería Gandhi para gastarse entre dos y tres mil pesos en libros. ¿Cómo la ve? ¿A poco usted cree que este presunto delincuente le interesen los libros?
Esta fue la esquela que escribí, antes de que los ultramontanos le dieran la rigurosa kick in the ash: y enmudeció la suerte de Maderito. Sobre su fársica figura construida a base de marketing político –y otras connivencias-, cayó la guadaña del verdugo de Santiago Creel, Germán Martínez, quien vino a Monterrey para desencuerdarlo así: “Nos conducimos con apego a la ley y respetuosos del ciudadano; nos conducimos para servir; nunca, nunca para servirnos”. Síntesis: la morralla ofuscó la ambición y la ambición desangró la estrategia. Quién iba a decir que los parquímetros de a peso significarían el Waterloo de un desfigurado que de la mano de sus inversionistas políticos rompió todos los records de endeudamiento y que todavía osa gobernar Nuevo León… pero la morralla rompió el saco de la ambición”.
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Después de presenciar “El hombre sin adjetivos”, original de Mario Cantú Toscano, comprendí que la nueva dramaturgia frisa con la instalación sabritas. Y que la comedia humana tan sólo se reduce a un infantilismo de vecindario. Al igual que Luis Martín, discrepo de Rascón Banda, con eso de calificar a los dramaturgos de nuestro tiempo como insípidos, incoloros e inodoros, es decir, tacharlos como la generación H2O.
Si yo fuera crítico de teatro, diría que el dramaturgo de hoy se ha escapado de una bolsa de ruffles. Y desde el ennui de Estragón canturrea:
en un principio fue una bolsa de sabritas
y la bolsa de sabritas estaba con dios
y la bolsa de sabritas era dios
La dramaturgia de hoy no es insípida. Es provocadoramente insípida.

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¿A qué sabe el aire de Madrid? Mmmh… en mi experiencia personal, les diré que… el euro se convirtió en la cicuta de la libertad. Y por eso no es gratuito encontrar en el barrio de Malasaña un grafiti revelador: Feliz 1984.

OCTUBRE/2011