ENTRE LOCAS PREMIADAS

ENTRE LOCAS PREMIADAS

JOAQUIN HURTADO PEREZ
Ayer viví una situación muy incómoda. Estaba con mi infectólogo. Es un pan de dulce, un hombre muy bondadoso, además muy conocedor de su área profesional. Lo noté un poco distraído. Apenas se podía concentrar en mi expediente. Revisaba una y otra vez los resultados de mi último estudio de sangre para verificar cuenta de CD4, carga viral, daños nefrológicos, etc. Su asistente salía y entraba al consultorio constantemente. Se acercó a su oído, le dijo algo que definitivamente lo sacó de sus casillas. Con la cara irritada, alzando la voz en tono de ira pidió un talonario de recetas, de mala gana firmó algo a la carrera, se lo dio a la asistente, aún nervioso me miró a los ojos. Me pidió disculpas y explicó: «tengo mucha carga de trabajo, lo cual no me molesta. Pero hay un paciente que es muy necio. Falta mucho a las citas, tiene frecuentes recaídas porque no lleva el tratamiento correctamente y se queja mucho de mi falta de atención. Este paciente ahora viene muy apresurado para que le dé una receta a las prisas, alega que no puede esperar su turno como todos los demás. Lo que pasa es que le da vergüenza que lo vean entrar con los demás enfermos por el estigma que aún persiste sobre su enfermedad, yo lo comprendo. Discúlpeme porque le robé parte de su tiempo». Yo no comenté nada, imaginé al paciente agobiado por los prejuicios, su temor bien fundado a ser discriminado en un ambiente tan hostil como el magisterio, etc, sólo le pedí al médico me explicara los resultados de mis exámenes que por cierto salieron muy bien. Al salir vi al tipo engorroso al que se refería mi doctor. Es una loca mustia, chingaquedito, mariconsísima, que estaba de lo más feliz platicando con otros amigos. Conozco a la jota necia, la he tratado en bares y fiestas. Es la misma que un día me dijo en la farmacia del mismo hospital: «no vayas a creer que yo estoy premiada, que yo tengo el bicho, querido, lo que pasa es que vengo a recoger tus mismas medicinas para el amigo de un amigo mío que está muy malito». Pinche vaca mañosa, se está buscando un bufe monumental, sólo quiero encontrármela en terreno neutral para ponerle en su madre y gritarle su precio. A mí nadie me jode a mi médico y mucho menos roba mi precioso tiempo. Ya basta.

Roberto Guillen

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