EL SEXENIO DE LO IMPREDECIBLE

EL SEXENIO DE LO IMPREDECIBLE

Xavier Araiza

En los años 30 del siglo XX André Bretón dijo que México era un país surrealista. No andaba muy despistado el poeta. Lo que sucede cotidianamente lo confirma. Varios ejemplos: Los muertos sin nombre paseándose en trailers por varios pueblos de Jalisco; no hace mucho entre nosotros el hombre más Rico Mc Pato del mundo (Carlos Slim) nadando en un mar de pobreza; obvios y escandalosos fraudes electorales disfrazados de democracia; el travestismo ideológico, la santidad de Marcial Maciel, etcetea).

Jean Genet estaría feliz, pensando en escribir otra pieza teatral, si hubiera seguido, en vivo de preferencia, las dos ceremonias que ayer vivimos en México: la de la cámara de diputados y la del zócalo con la entrega del bastón de mando que otorgaron al Peje los pueblos indigenas. Muy diferentes las dos ceremonias (una profana; otra sagrada), cargadas de simbolismos y anunciadoras de futuro impredecible donde nadie nadara de muertito (menos el Peje) porque desde endenantes (así decía mi bisabuela indigena), la ultraderecha enseña los dientes golpistas.

En este nuevo contexto histórico los liberales demócratas seguirán siéndolo, o se vuelven conservadores cargando las maletas de los neoliberales, o giran hacia la izquirda variopinta; las izquierdas ultras dejarán de pedirle a AMLO (especie de liberal-nacionalista-socialdemócrata) que se convierta en Lenin, Che Guevara o Salvador Allende; las izquierdas modernas por fin lo serán o sonarán hueco.

El centro, que en política es una metáfora, empezó a borrarse del imaginario desde hace tiempo. Ayer sábado 1 de diciembre de 2018, desapareció. Eso sí, viene una andanada de hipocresía, de conversos de última hora, pero ya nadie podrá nadar de muertito, menos el presidente de la República que ya está en la mira de todos los mexicanos y de los extranjeros.

Entramos a una de esas fases históricas donde, de seguir las cosas igual serán más nítidas la farsa y la tragedia que dan paso a la tragicomedia. Tiempo historico donde lo real se impone contra las mentiras obvias. Lo auténtico sale a flote. Incluso los traumas se manifiestan en la turbulencia social y en las pequeñas y grandes locuras individuales.

El terreno histórico de lo que sucede en estos tiempos, es un reto para las conductas y las inercias de los escritores, artistas, intelectuales. Sonarán falsos los predicadores del mercado libre; los navegantes de la burocracia ya no serán «apoliticos». El tema da para tratarlo detenidamente.

Por cierto, Regiolandia dará mucho que hablar en este sexenio, tan volcada ella a la derecha y a la farsa elefantastica, como la elección del alcalde de Monterrey, después de tanta comedia de equivocaciones, el 23 de diciembre próximo. Cosas nuevas veremos. Unas tristes. Otras divertidas.

Roberto Guillen

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