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A la vuelta del primer año de mandato, Andrés Manuel López Obrador va cumpliendo con el rezago de los compromisos políticos de antaño.

Primero se resuelve en el Senado ofrecer el máximo reconocimiento para Doña Rosario Ibarra de Piedra, como incansable luchadora social, de la época oscura del México donde no se rendía cuentas a nadie. Solo se simulaba.

Con la tercera vuelta en votaciones, también en el Senado, se dio cauce legal y se aprobó con los votos necesarios, para nombrar a la Comisionada Nacional de Derechos Humanos, a Rosario Piedra Ibarra, hija de la luchadora social.

Ambas deudas están cubiertas ya. Aunque debería ser Doña Rosario Ibarra quien encabezara, no le es posible hacerlo por su frágil estado de salud.

En ambas mujeres, intachables en su actuar y en su modestia, representan la memoria viva de los principios básicos del movimiento del 68 y 71. De hacer un país menos desigual y más justo.

Solamente al Partido Acción Nacional, el de siempre, han votado en contra o se abstuvieron, ignorando el peso moral de ambas mujeres.

Pues si algo es regla de vida, es la congruencia de actos, de solidaridad y de suficiencia contra los abusos del poder.

Dr. Gerson Gómez Salas.

Monterrey N.L.

Roberto Guillen

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