CAZADOR CAZADO

CAZADOR CAZADO

Por Susana Valdés Levy.

Alguien en mi familia, de quien prefiero evitar mencionar el nombre, es dueño de uno de los ranchos cinegéticos más grandes del norte de México. El rancho en cuestión se encuentra en Coahuila, lugar donde se facilita la reproducción del venado Cola Blanca. El rancho en cuestión cuenta con un gran número de empleados y una enorme casa con muchos cuartos, un agradable comedor y un bar, para el cómodo alojamiento de los cazadores que pagan un dineral cada vez que se abre la temporada. Evidentemente, mientras más piezas de caza haya, más dinero de gana.
Ayer me metí en un pleitazo feisbuquero con una manada de fanáticos cazadores que se enojaron porque comenté sobre una nota que ellos mismos publicaron. La nota trataba de un cazador de Arkansas que le disparó a un venado y cuando se acercó al animal gravemente herido, éste reaccionó, se levantó y atacó al cazador clavándole la cornamenta en el pecho y matándolo. El caso típico del “cazador cazado”. Mi comentario fue simplemente: “No me alegra el caso, pero el cazador se lo merecía”. ¡Uff, uff y recontra uff! Me maldijeron, me insultaron, me vapulearon, me sacaron el argumento de que si yo como o no como carne, y con todas las falacias posibles en la argumentación (especialmente el ad hominem), aseguraron que la cacería (con toda su alevosía y ventaja, sus ropas de camuflaje, rifles de largo alcance y miras telescópicas) es “necesaria para mantener el equilibrio ecológico en la población de ciertas especies”. O sea, que la naturaleza les debería estar “agradecida” por su colaboración.
Pero yo sé (de primera mano) que en los ranchos cinegéticos, se promueve y facilita la reproducción de los venados porque cada uno es una pieza de caza por la que los dueños de estos ranchos cobran mucho dinero; no solo por matar al animal, sino también por el hospedaje, los servicios, la taxidermia y demás parafernalia. Tanto así que, en este rancho que menciono, ubicado en la ladera de una cordillera, se ha dado la orden de matar a “otros cazadores”, como lo son los leones de montaña que suelen bajar para cazar venados y alimentar a sus cachorros. ¡Pero no!,¡Ese no es el control poblacional natural de la especie que se pretende! A los leones de montaña que matan venados para comer (de verdad) hay que matarlos también y colgarlos de las patas en la rama de un árbol, desollarlos, quitarles el cuero y ponerlos de tapete en la sala de la casa de hospedaje o rellenarlos de aserrín. La cacería moderna no es otra cosa más que un negocio lucrativo y redondo. Si la cacería fuera realmente para servir a la ecología haciéndose pasar por administradores de la selección natural, solo se cazarían los ejemplares menos afortunados genéticamente. Sin embargo, mientras más magnífico, grande, más hermoso, más portentoso sea el animal, más lo acosa el cazador.
Entiendo que en el pasado remoto, la cacería ha sido parte de la historia y la evolución de la humanidad, por necesidad y supervivencia. Pero no se mataba por diversión ni por deporte.
(ni siquiera en el rastro se mata por diversión o por deporte) Se mataba por necesidad y supervivencia, lo cual definitivamente no es el caso de la mayoría de los cazadores actuales quienes encuentran en la práctica de la cacería una satisfacción mórbida que les provoca jalar el gatillo y ver caer a un magnifico ejemplar para disecarlo, ponerle ojos de canica y colgarlo en sus salas de trofeos. Por lo tanto, los insultos y groserías de esos cazadoretes que juegan a ser Dios, más me halagan que me ofenden.

Roberto Guillen

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