CARTA A LA MAESTRA LUPITA RODRIGUEZ

CARTA A LA MAESTRA LUPITA RODRIGUEZ

ROBERTO GUILLEN

Hola, que tal Lupita, me da gusto que una vez más vuelves a la palestra con tu irrenunciable vocación de servir al noble pueblo de México. Me da gusto que las aguas han retomado su nivel con respecto al maravilloso proyecto de educación infantil conocido como CENDI, mismo que un día me diste la oportunidad de conocer, mediante un inolvidable recorrido por sus limpísimas instalaciones de primer mundo, con su personal calificado para Servir. Claro, claro, también me da gusto la bella noticia de que ahora la Universidad Emiliano Zapata contará con una carrera de Medicina. Que gran noticia, deveras que sí, Lupita. Bueno, el motivo de la presente misiva es que el otro día me apersoné en el Parque Fundidora con los ex trabajadores de la Maestranza , quienes nos convocaron a los periodistas para recordar aquel calamitoso 20 de noviembre de 1971, fecha en que perecieron unos 20 trabajadores bajo un aluvión de acero líquido incandescente. No había muchos reporteros Lupita. Por ahi se dejó ver el aguerrido Raúl Rubio y uno que otro colega con su cara de «que weva» con esto. Y mientras departía con el maestro Abraham Nuncio, el ambientalista Martínez Berlanga y el Comandante Rubio, que se nos acerca uno de los ex trabajadores de la Maestranza para expresarnos su más sentida demanda: Ellos quieren su memorial, Lupita. Precisan de un espacio referencial donde reconocerse, que el tiempo pasa y todo huele a «Bisnes». Mira, Lupita, donde ahora estaba la tienda de los trabajadores, ahora despacha el hotel Antaris. Tal parece que los obreros de la Fundidora han sido suprimidos ostensiblemente de la Historia. El parque está precioso y hace a la gente feliz, a juzgar por los rostros de los paseantes, salvo unas bardas pendejas que erigieron allá por donde organizan los conciertos de la estrambótica muchachada. Unas bardas pardas que afean el sitio, y que se erigen como un signo de la codicia y el desprecio por lo que fue esa poderosa factoría. Bueno Lupita, a ver cuando nos tomamos otro café, y no olvides en invitarme cuando inaugures el memorial de los trabajadores de la Maestranza. Saludos al Profe Beto, Lupita.

 

Roberto Guillen

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