UN INSTANTE EN LA VIDA DE JOSE EMILIO AMORES

ROBERTO GUILLEN

Hay personas que nacieron para Gozar…y el maestro José Emilio Amores pertenece al universo de los estetas que nunca pierden la capacidad de asombro ante alguna manifestación artística, para luego decir: “Por favor, ayúdenme a mirarlo”
Su presencia es la misma bonhomía. Se goza escucharlo hablar de sus goces. Provoca la sensación de vivir para el placer…de la buena lectura,la maravillosidad de la amistad, la buena mesa, Franz Lizt, los impresionistas…
Su residencia está convertida en un festín de las artes . Al trasponer la puerta principal, sorprende un conjunto de obras plásticas, situadas en una antesala intimista, cuya iluminación pareciera anunciar: “Bienvenidos a la Burbuja Mágica del Arte”. La sala central nos induce a presenciar un diálogo imaginario entre los libros que abundan por doquier,un piano, más obras plásticas y un juego de esculturas que amenazan romper el silencio, con la promesa de relevarnos el ancestral y ansiado Mito.

¿Maestro, cómo fue su formación?
“Inicié mi afición a través de la lectura cuando cursaba el quinto y sexto año de primaria, en ese entonces leía novelas de aventuras , y también por medio de la música, que es un gran satisfactor, como es la rapsodia Número 2 de Lizt. Siempre he llegado a la conclusión que la manera de entrar a la música es a través de Liszt, como la manera más fácil de entrar a la pintura es a través de los impresionistas, pero eso ya es una cosa de gusto”.

¿Hay algunos autores que fueron determinantes en su formación?
“Yo leo por placer, en una ocasión cuando iba a un círculo de lectores me preguntaron que qué opinaba yo de cierto autor, les dije: perdónenme,desde muy chico aprendí dos palabras, una es estudiar y la otra es leer; estudiar es algo que tengo que hacer, y la otra es leer; estudiar es algo que tengo que hacer por obligación para adquirir conocimientos, que me son muy importantes, y la Lectura es un placer, es mi dulce, como ir al cine, platicar con un grupo de amigos o comer un helado”.

Oriundo del Distrito Federal , el maestro Amores comenta que tuvo que desempeñarse como oficinista para costearse los estudios en la Escuela Nacional Preparatoria, para después graduarse como Ingeniero Químico en la UNAM.
En 1994 el Tecnológico de Monterrey lo contrató para impartir cátedra; y años más tarde fue designado como director de la divisíón en ingeniería química.

¿En qué momento salta usted del mundo de la química al universo del Arte y la Cultura?
“Esto es muy importante Roberto…yo nunca he saltado, le recuerdo a usted que al terminar mi primaria, yo ya era lector de novelas de aventuras, que a lo largo de la adolescencia, nuestros amigos y amigas que formábamos el pequeño grupo, compartíamos todos los libros que leíamos, pero de todo. No había una línea de conducta, éramos lectores anárquicos; yo en lo personal sigo siéndolo”.De pronto hace una pausa , y como si estuviera hurgando en el recuento de los años, continua :yo nunca llevé clases de lengua castellana, ni en preparatoria, ni en ciencias químicas, fue una omisión grave de mi formación educacional, pero lo subsané a base de leer…esto de promoción o de promotor cultural es una etiqueta que nos han pegado los medios, yo siento que esto de promoción cultural es el disfrute del goce, es gozar algo y de inmediato dejarlo compartir. Se acuerda usted, Roberto, de la anécdota de la niña que vivía tierra adentro y que por primera vez fue a la costa con un grupo de niñas , y al ver al mar regresó corriendo y les dijo a sus amiguitas, “Por favor, ayúdenme a mirarlo”.

Antes de fundar en 1948 la sociedad Artística del Tecnológico (SAT), el maestro Amores comenta lo que hacía en el Tec, después de impartir sus clases de química:
“Recuerdo que el rector Roberto Guajardo Suárez me autorizó a comprar un tocadiscos, con el cual todos los miércoles a las siete de la noche nos juntábamos con un grupo de estudiantes para escuchar música…¿quiere usted aficionarse a la música? Oigala, escúchela, una y otra vez y otra vez, entonces viene algo muy importante, la familiaridad, que ya una vez que se familiariza uno con una actividad, pues se convierte en parte de uno mismo; por cierto, recuerdo que los jóvenes eran muy puntuales y se arreglaban y se vestían propiamente”.
Y esta afición por compartir los goces del Arte y la Cultura, en espacios donde se privilegia la producción y otros quehaceres marketinezcos, le acarreó el reduccionista tatuaje de ser estereotipado: “me metieron la etiqueta esa de persona culta. Por cierto, hay una anécdota de la ONU, que afirma que la palabra Cultura, conlleva resonancias psicológicas, una persona culta, un gobernador culto…que no quiere decir nada, son puras palabras en el aire, pero tienen eco, gustan, son bonitas…entonces, ya me habían pegado la etiqueta esa, por determinadas actividades en las que yo participaba” Una vez más el maestro hace una pausa reflexiva en su discurso, y a guisa de matizar la Circunstancia que a todos nos rige, comenta: “Aquí quiero hacer hincapié en esto: que a algunas personas les gusta leer, oir música, ir a exposiciones; y a otras les gusta el futbol, o jugar softbol, como el que tiene la afición de la lectura: son entidades distintas, pero el gusto es de cada quien. Hay un grave error en calificar a una persona como inculto porque tenga ciertos gustos, y de culto al otro que simplemente es un lector, como es mi caso anárquico.

¿Por qué muchas veces se le califica al Arte y la Cultura como un mundo elitista?
“Eso es una cosa chistosa, yo les contesto simplemente que los espectadores de futbol son un grupo elitista, ellos van aparte, toda la población no va; son elitistas como los que van a una exposición de pintura mexicana en el MARCO, como los que van a escalar una montaña…en fin, son cosas que me dan mucha risa. Cuando yo estuve en el Museo de Monterrey me di cuenta que la gente que más iba , era de clase media-media, y si me pregunta quién va al Museo de Historia Mexicana, pues no tiene chiste, la clase media-media, que es la columna vertebral del país”.

Al ser cuestionado sobre los pintores de su devoción , asi nos responde: “Al nivel de excelencia, todo el que llegue”. Con un gesto de dulce fruición el maestro amores recordó la maestría en Humanidades que en 1990 logró cursar en la UDEM:
“La ignorancia es una bendición, porque todos los días se aprende algo, y sigo disfrutando de las cosas que he aprendido. Si el trabajo es un satisfactor, el conocimiento es un gran motor…siempre hay que aprender algo, no hay persona de quien no se aprenda algo; no hay libro del cual no se aprenda algo, y si se formaliza a través de la formación escolar,universitaria, pues mejor, porque hay ritmo; y lo más importante, es la fidelidad al oficio.
“Eliot decía que la imagen que él se forma de una persona culta es alguien que sepa mucho de algo y algo de todo; para mí esa es la imagen de una persona culta, y no que sepas ballet de puntitas, sino que sea una persona abierta a toda manifestación, que no la rechace de antemano, que primero la vea, la analice, la aprenda, y después de conocer el tema ya pueda elaborar un juicio y decir no…esto para mi sí…esto para mi no.
AGOSTO 2002
REVISTA RONDA