ANTE LA MIRADA CRITICA DE JOAQUIN HURTADO

Por defecto de fábrica o por simple morbo bizarro nunca me pierdo las ceremonias como la de ayer, donde el boato y la extravagancia del poder salen de madre y engullen al país entre discursos y paradas oficiales. Este hábito lo adquirí muy a contrapelo después de que un maestro de primaria nos prometiera un punto extra en la boleta a quien redactase un breve ensayo sobre el cambio de mandos entre presidentes de aquel México monolítico del príismo setentero. Con el tiempo le fui cogiendo el gusto a estos cansinos trámites, acartonados y previsibles, ceremoniales sexenales. AMLO no fue ni rompedor ni pusilánime, excesivo en el rollo reciclado, de pronto nostálgico de una omisciencia ya rebasada por la banalidad del videoconsumo. Seguirá el Peje gobernando al país como si siguiera en campaña, de eso no cabe duda. Soltó promesas para todos los gustos y niveles, manirroto y benefactor, aunque truene las arcas; justiciador más que justiciero, patriarcal al más viejo estilo, buen conocedor de las reglas escritas pero ducho practicante y promotor de los acuerdos no escritos. Honesto hasta la sospecha. Saborea más el poder cuando se desprende de sus costras inútiles. Ni monstruo desquiciado de país bananero ni títere a modo de las potencias depredadoras. Lo suyo será nadar de muertito, bien vivillo desde chiquillo, sólo se esforzará por administrar la esperanza y los sueños revolucionarios de un proyecto nacional extraviado en la burocracia institucional que quizás él ampliará hasta el infinito, y navegará con maliciosa y templada sonrisa tropical en el seno casi exánime del cuerno meláncólico de una abundancia extinta en un país devastado.

JOAQUIN HURTADO

ESCRITOR