TE JURO JUANA QUE TENGO DRAMATICAS GANAS…

TE JURO JUANA QUE TENGO DRAMATICAS GANAS…

ROBERTO GUILLEN
Que delicia presenciar el teatro de gran factura, como suelen ser los montajes que dirige el maestro Luis Martín, pero el goce estético se torna mayestático cuando se han cuidado todos los detalles, y provocan en el espectador una sensación de plenitud. Nos referimos a Dramático, un espacio cultural ubicado en el Barrio Antiguo, donde actualmente se exhibe la conocida pieza fársica de Emilio Carballido: Te juro Juana que tengo ganas. Ya sabemos que bajo la dirección de Luis Martín es una garantía estética lo que vamos a presenciar. Asistimos a una suerte de pulcritud histriónica, donde no hay lugar para los talentos improvisados o inacabados. El arte dramático de Luis Martín está más allá de lo que pueda costar un ticket. Porque consumir arte es asistir a una liturgia de transfiguración atemporal. En te juro Juana que tengo hartas ganas , Carballido nos confronta frente al espejo dramático de Serafina (Lluvia Valles), la socarrona sirvienta para quien la vida no es otra cosa que un baile de hipócritas disfraces. Y más allá de lo que pueda verbalizar carballidescamente, ha preferido el desengaño como el amulento de sus alegrías. La bien trabajada y matizada voz, aunado a la electrizante expresión histriónica de Serafina, en-el-escenario, reviste la mixtura de un fantasioso ser de carne y hueso que ve la vida pasar como una «cadena de días iguales», donde medran «los mercachifles del pudor». Es decir, que ya se vio la película completa de la mosqueda fauna humana.
Ella es la criada de Diógenes Feria, (Francisco de Luna, alternando con Domingo José) un docto-clown que tiraniza a sus alumnos, a sus empleados, a su descosida hija Juana (Johanna Góngora), pero que tiene prisa por arrumbar su disfraz decimonónico y manosear la carne trémula de su secretaria Evangelina (Dana Marfil). Cada uno de los personajes nos prodigan un goce estético tan bien logrado, que podríamos hacer un ensayo de su profesionalismo.
Un irremediable duende jarioso recorre el colegio del cachondo Diógenes (lo que menos importa es la ilustración): su alumna «Inesita» (Nayelly Arizmendi) termina por tumbarle a Librado (Víctor Pelícano), el pretendiente de su hija Juana, quien en un arrebato de cachondería, termina ensartada con un poetilla ripioso (Dante Vargas). La cachondería como el diktat de nuestras ambiciones y de nuestro destino.
Si para el gran poeta francés la vida es la farsa que todos representamos, bien podríamos decir que para el dramaturgo mexicano, la vida es la cachondería en la que todos ansiamos revolcarnos. Traza el sustrato que palpita en la bullanguera alma mexicana: Te juro Juana que tengo hartas dramáticas ganas… Ja!
Funciones: todos los domingos de mayo, 3 y 6 de la tarde

Roberto Guillen

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