¡SAALUUUUU! POR SCHNAIDER…

¡SAALUUUUU! POR SCHNAIDER…

ROBERTO GUILLEN

Queridos lectores, vaya delicia de evento que sostuvimos la otra noche en el Instituto Héroes Cerveceros (IHC), donde celebramos al gran Joseph Maximilien Schnanider, aquel legendario alemán que contribuyó a instalar los cimientos de lo que hoy es una de las cerveceras más poderosas en México; sí, nos referimos a la Cervecería Cuauhtémoc. Que la cultura por forjar una industria cervecera no podía quedar en el olvido ni en el anonimato. Que pasaba el tiempo y el apellido Schnaider se iba convirtiendo en algo así como un susurrante tabú…tan es así, que no hay ninguna calle de Monterrey que registre la memoria de tan legendario personaje. Fue el empresario José Antonio Rivero, cuya abuela tenía una linea directa en el árbol genealógico de los Schnaider, quien tomó la iniciativa de rescatar el legado de quien vino a exponenciar lo que hoy se conoce como la «capital industrial de México». Tan es así que la bella obra, a cargo del investigador universitario, Eduardo Cázares, lleva por título Industria, Cerveza y Familia.
En las instalaciones del IHC, ante el nutrido gremio de cerveceros artesanales, el autor nos narra su periplo en busca de Schnaider, que se extiende hasta San Luis, Missouri,donde el personaje también dejó un legado de su pasión y oficio en torno al universo de la cerveza. Hablamos de una obra que documenta con rigor y profesionalismo el perfil de un personaje que llegó a ostentar el 50% de las acciones de la otrora Cervecería Cuauhtémoc, cuyo exquisito edificio en ladrillo estuvo a cargo de su misma proyección, de un visionario cuya obra vendría a exponenciar la industria del vidrio. No obstante,las diferencias y otras contingencias que se pierden en los hilos del tiempo, terminan por desplazarlo a Guadalajara, donde el maestro cervecero, fiel a su destino, crea La Perla, una marca de cerveza que vendría a marcar a la misma Guadalajara como «La Perla de Occidente»…pero mejor los invitamos a que se internen en las páginas del libro que su lejano pariente, José Antonio Rivero, mandó editar a tooodo lujo… vaya manera de amar y rescatar al gran Schnaider.
De tal manera que cuando el maestro Cazares concluyó con su ilustrativa charla, un periodista iconoclasta levantó su cerveza y gritó:
¡Saaaluuuuud! por Schnaider…

Roberto Guillen

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