PARA VOLVER A CREER EN EL ARTE…

POR ROBERTO GUILLEN
@Periodistta

Sampetrinamente fancy, la burbuja fancy inspira y nos inclina a mover la pluma. Que los brotes de esplendor en San Pedro también anidan en las salas de la galería Arte Actual Mexicano, ahora ubicada en un soberbio complejo arquitectónico, denominado Punto Central, donde la otra primorosa noche disfrutamos de la obra del pintor queretano, Gonzalo García.
Y lo primero que placenteramente nos asalta, al llegar al espacio cultural de Guillermo Sepúlveda, es la Jineta, una obra en bronce del maestro Arturo Rivera.
“Ahhh..ahora sí, esto sí que es una Galería”, dije para mis adentros. Levanté mis brazos al cielo y respiré los aires de la Noche.
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Disfrutable, muy disfrutable la charla que Memo Sepúlveda, como lo llaman sus amigos, establece con el artista invitado, antes de pasar a observar la obra. Un ejercicio que pocos o nadie hace en la City, para conocer las motivaciones interiores del artista, en este caso de Gonzalo García, quien durante la charla nos habla del pensador Michel Foucault y de las eternas resistencias que se configuran como signos que disputan la figura del Poder en toda dinámica de la expresión humana.
De tal manera que su discurso encendió el radar del esteta que llevamos dentro, para comprobar que, efectivamente, la obra del pintor queretano traza y exhibe al Ecce Hommo entre lentejuelas de esplendor y la concomitante mosca-grieta que conforma el cuadro de los bípedos sublunares.
Su obra es un vivo espejo de lo Universal, donde lo mismo se reflejan Goya, el expresionismo alemán y desde la martillante oquedad del Deseo, Lady Macbeth musita la tierna y silenciosa melodía para tomar el trono.
Donde el adjetivo chic se transfigura en una plateada cruz de madera que decora la sepultura de la condición humana.
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Por favor váyanse al punto central, que naderías no van a encontrar. La paleta del pintor Gonzalo García es una deliciosa y espiritual experiencia para volver a creer en el Arte. Felicidades a Mara Sepúlveda y a su papá. Y Gracias por brindarnos un banquete plástico, jaspeado con el signo de lo atemporal.