MADRUGADA EN SVALBARD

MADRUGADA EN SVALBARD

ROBERTO GUILLEN
Mira nada más lo que se consigue cuando hay dramaturgo. Mira nada más lo que se logra cuando hay talento histriónico. Mira nada más la filigrana de arte dramático que nos han brindado los padres del teatro regiomontano en Casa Musa: Madrugada en Svalbard, una pieza del sonorense Daniel Serrano Moreno, donde la cosa negra del Alzheimer desgarra la super party de la winner Amanda de Mendoza una estrella de la motivación personal que vende libros a carretadas, hasta que los meandros de su destino le recetan un corto circuito con los cables de su sistema nervioso, llevándose entre los crueles oleajes del olvido a su amorcito de marido que Francisco de Luna representa y digiere con una danza de sarcasmos que nos traslada con esa obra inédita que no hemos publicado: Cien tweets para matar el tedio: Pastillas para un psiquiatra: no vale la pena encabronarse por nada, más de 15 minutos. Mientras la famosa De Mendoza, interpretada con delicia indolente por Guadalupe Treviño, se devana los sesos con las tinieblas del Alzheimer, su hijo y sufriente esquirla del drama, que Carlos Fernández, se ve envuelto entre los nubarrones de lo inexorable, como el referí impotente de los seres amados que han sido separados por la broma negra del Alzheimer. Y en la butaca inmediata ese pater del teatro en Monterrey que es Luis Martín, atestigua con fruición esa metáfora de la isla frigórifica de Sbalvard como un paliativo para soportar El Olvido…

Roberto Guillen

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