LA ISLA REGIA

LA ISLA REGIA

Martha Zamarripa

Dorothee se empeñó en que la acompañara a la Isla. Iba con mi familia o amigas siempre a playas mexicanas. Fui por ella, no sentía la menor curiosidad. Me impactó. No había nada. Ni vegetación, ni agua transparente, no entendía su fascinación. Quizá la cercanía con Monterrey y nada más. Fuimos por un bikini para mi – había tiendas – las cosas iban mejorando. Así que descubrí la combinación perfecta. Después del mar, hay otras cosas que relajan. No era el Caribe, ni siquiera el Pacífico, no tenía ese increíble azul, pero las olas me recordaron lo divertido de saltarlas, como de pequeña me enseñó mi mamá. Desde ese viaje con Dorothee, quien sabe porqué, regresé cada año. Mis niños siempre, muchas veces mis papás y otras mis hermanos y familias. Aunque no sea como las playas mexicanas. Desde el piso nueve la mejor vista del mar que se podría contemplar, eternamente. Bajábamos y, para mi, eran horas saltando olas. No tirada al sol, – sería aburrido -, y el bronceado es más rápido y menos agobiante en el mar. La alberca habría sido un desperdicio. Era opción sólo cuando anochecía y mis entonces niños me decían – ellos a mi – «Tenemos que irnos, ya está oscuro». En la semana de la Isla en la agenda dos veces, un ineludible McAllen. Brownsville nunca será lo mismo. Mariscos y pescado fresco, caminatas temprano sobre la arena a la orilla del mar. South Padre Island – que no tiene nada – es mi favorita en vacaciones. Amo el sabor salado y el murmullo del mar. Amo sentir que me fundo con el mar sin olvidar que hay que tenerle respeto porque es traicionero. Amo sentir que es parte de mi. Quizá me gustaría quedarme ahí, después…..No imagino otro lugar.

Tomado del muro de la distinguida periodista Martha Zamarripa

Roberto Guillen

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