LA BECKETTEANA LEVEDAD DE LAS AUSENCIAS…

ROBERTO GUILLEN
Todo es aburrido. Sin chiste. Monocorde. (Juguetilmente). Sin el cariño de una abuelita mexicana. La vida de las grisuras fantasmales es una suerte de catalepsia enjaulada, dibujando los tediosos y lerdos trazos de “Papá está en la Atlántida”, originalísima de Javier Malpica, y auspiciada por la Secretaría de Cultura, en un generoso tour para impulsar los espacios independientes de la república, como lo es la bella y novelesca burbuja de Casa Musa, emergiendo de la pavorosa pandemia, como una flor de abril. Asistimos a los escenarios de la pasmosa realidad beckettiana que producen la ausencia de los seres queridos.

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Sin un beso de Gabriela

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El hermano mayor (Héctor Mágnum)y el hermano menor (Víctor Hernández)emprenden un monótono y rectilíneo viaje en busca de su padre que ha tenido que emigrar en busca de las ilusiones narcóticas gringas: Atlanta. Los lisiados de la ternura fantasean hasta el delirio. Claro, qué tantos “milímetros linguísticos” hay de los Bravos de Atlanta a la Atlántida de Platón. He ahi las plasticidad insondable del arte dramático. Más Allá de Fernando Valenzuela y Julio Urías, los huérfanos de la orfandad se han inventado su propia serie mundial.

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Sin un beso de Gabriela

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Si el hermano mayor luce añoso, hundido en el pozo de la moribundez existencial. Suspirando por un beso de Gabriela, el hermanito más bien parece su nieto; un pobre chavito que se ha escapado de la jugueteria mattel. Una mecanicidad sin ternura cuyo destino terminara tronchado cuando se le acaben las baterías…

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Sin un beso de Gabriela

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Entre botellas de coca cola, las idas a misa y los pleitos pendencieros con la palomilla, así transcurren los días grises del hermano mayor y el hermano menor, los arrimados de la orfandad. Con los días congelados. Cuando se desconoce el cariño de la Abuela. Del frozen al frigorífico. Cuando el nieto se perdió la fruición de prununciar esa belleza de la mexicanidad llaman “mi abue…”. Bien podríamos interpretar el montaje de Lunajero Teatro, como esa carretera pasmosamente rectilinea, donde no pasa nada. Mejor cerrar los ojos y que se acabe la película.

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Sin un beso de Gabriela… mejor que caiga el telón